Alerta en Caibarién: Un cocodrilo escapa del zoológico y siembra preocupación

jueves, 22 de enero de 2026

En pocas palabras

Un cocodrilo escapó del zoológico de Caibarién, Villa Clara, desatando una búsqueda y poniendo en alerta a la población local.

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Qué pasó

Una mañana cualquiera, o quizás una tarde de sol picante, un hueco en la cerca se volvió puerta. Un cocodrilo, de esos que habitan en los sueños de los pantanos, decidió que su recinto en el Zoológico de Caibarién le quedaba estrecho. Con astucia, o simple fortuna, se deslizó y se hizo a la calle.

Dónde y cuándo

La escena se armó en Caibarién, esa Villa Clara que huele a mar y a caña. Fue el jueves 22 de enero de 2026 cuando la noticia rodó como bola de fuego. Los trabajadores del zoológico, con el susto en el cuerpo, vieron el vacío en el recinto y la brecha en la pared.

Un reptil de piel antigua andaba suelto por los alrededores, quizás buscando la sombra más fresca o el rastro de algún riachuelo. El pueblo, de repente, tenía los ojos puestos en cada arbusto, en cada espejo de agua que pudiera esconderlo.

Por qué es importante

Este desliz del cocodrilo no es solo una anécdota de pueblo. Es un espejo que muestra las grietas, no solo en la cerca, sino en la manera en que se cuidan estos gigantes de la naturaleza. Para los vecinos de Caibarién, la brisa de la tarde ahora lleva un matiz de precaución.

La tranquilidad de caminar por la orilla o dejar que los niños jueguen cerca se ha visto alterada. Un animal salvaje, por más que venga de un zoológico, no entiende de aceras ni de semáforos. Su instinto es fuerte, y su presencia, un peligro latente que despierta todas las alertas.

Qué dicen las partes

Desde los balcones del gobierno municipal y la dirección del zoológico, la voz fue clara: "Busquen, pero no toquen". Se activó un operativo, peinando cada rincón, esperando que el visitante inesperado aún anduviera cerca. La orden a la gente fue simple: si lo ven, no se acerquen, avisen de inmediato.

Los que saben de estas criaturas, los expertos en pieles y colmillos, repiten lo mismo: un cocodrilo, a diferencia del perro de la casa, no sabe de amistades. Su reacción puede ser un latigazo impredecible, un encuentro que nadie desea tener.

Qué viene ahora

La búsqueda sigue, bajo el sol de la mañana y la luna que vigila. Los ojos de Caibarién están abiertos, atentos a cualquier sombra que se arrastre diferente, a cualquier movimiento en la maleza. El cocodrilo, por su parte, es un misterio con escamas, un enigma que camina.

Ahora, la luz se posa sobre la necesidad de cuidar mejor los recintos, de poner más candados a la despreocupación. Que una grieta no vuelva a ser la puerta a una aventura peligrosa. La historia de este escape, que se narra en voz baja, es también una lección que se escribe día a día en el pueblo.

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