Boric declara que Cuba es una dictadura, generando debate en Chile

martes, 13 de enero de 2026

En pocas palabras

El presidente chileno Gabriel Boric calificó a Cuba de dictadura, provocando una controversia y un giro en la izquierda latinoamericana.

Mas detalles

Qué pasó

El presidente chileno Gabriel Boric, conocido por su trayectoria en la izquierda, lanzó una declaración contundente. En una entrevista con El País, afirmó sin rodeos que Cuba es una dictadura.

Esta postura, inédita para un mandatario de su ideología, generó un revuelo inmediato y un fuerte debate político en Chile y la región.

Dónde y cuándo

La noticia llegó desde Chile, mientras Boric se aproxima al final de su gestión en marzo de 2026. Sus palabras resonaron con fuerza en Santiago y se esparcieron por toda América Latina.

Fue una declaración que, desde la calma de una entrevista, agitó las aguas de la política regional.

Por qué es importante

Esta afirmación es significativa. Boric rompe con la tradicional solidaridad de parte de la izquierda latinoamericana hacia el régimen cubano.

Su postura exige una reevaluación de los principios democráticos y abre la conversación sobre cómo los gobiernos progresistas deben relacionarse con sistemas autoritarios.

Qué dicen las partes

Boric explicó que en Cuba no hay verdadera democracia, sino un sistema de partido único y sin libertad de expresión. Subrayó la escasez y el éxodo de jóvenes, aunque también reconoció el efecto del bloqueo estadounidense.

El presidente del Partido Comunista de Chile, Lautaro Carmona, calificó la opinión de Boric de "muy descalificadora". Defendió la existencia de expresión política y la relación histórica, enmarcando el debate en el contexto del bloqueo.

La ministra Camila Vallejo respaldó al presidente. Afirmó que la política exterior chilena se alinea con los derechos humanos y la visión del jefe de Estado, más allá de diferencias internas en la coalición.

Qué viene ahora

Las palabras de Boric impulsan una reflexión profunda en la izquierda chilena. Se busca una mayor autocrítica y coherencia con los valores democráticos.

Este debate podría redefinir cómo los líderes progresistas de la región evalúan y se relacionan con gobiernos que, aunque con lazos históricos, no cumplen con estándares básicos de libertad y democracia.

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