Crisis en Cuba: Sin Luz ni Medicinas, la Vida de Pacientes Renales Pende de un Hilo

sábado, 14 de febrero de 2026

En pocas palabras

La crisis energética y la escasez de insumos médicos en Cuba ponen en riesgo la vida de miles de pacientes renales. Sin transporte ni materiales básicos, la situación es crítica.

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Qué pasó

En la vibrante isla de Cuba, una sombra se cierne sobre miles de vidas. Pacientes renales, cuyo destino está atado a la máquina de hemodiálisis, enfrentan una amenaza grave. La parálisis del transporte por falta de combustible, los apagones y una alarmante escasez de insumos médicos están silenciando la esperanza.

Medios independientes, como Martí Noticias y CubaNet, han levantado la voz de alarma. A pesar de los anuncios oficiales sobre medidas para la crisis energética, la realidad en las calles y en los centros de salud dista mucho de ser tranquilizadora.

Dónde y cuándo

Esta dramática escena se despliega por toda Cuba, con ecos desde Santiago de Cuba. Nos situamos en febrero de 2026, donde cada día trae consigo una nueva batalla. Las calles se ven vacías de los taxis que deberían llevar a estos pacientes, mientras la luz eléctrica parpadea o se ausenta por completo.

Familias enteras, junto a médicos como Abel Molina y Luisa Ilizástegui, son los protagonistas de este drama silencioso. La incertidumbre y la espera son el pan de cada día para unos 3.000 pacientes renales.

Por qué es importante

Esta situación es un golpe directo al corazón de la salud pública. Para miles de pacientes renales y sus seres queridos, es una cuestión de vida o muerte. La crisis energética no es solo una molestia; se ha transformado en un verdugo que pende sobre sus cabezas.

Lo que cambia es la certeza: el acceso a un tratamiento vital ya no está garantizado, sino que se ha convertido en una odisea diaria. Esta crisis expone la fragilidad de la vida frente a la escasez sistémica.

Qué dicen las partes

Desde el balcón oficial, las autoridades sanitarias aseguran que los servicios esenciales no se verán afectados y que el ingreso de pacientes está garantizado. Sin embargo, la voz del doctor Abel Molina resuena con otra verdad.

Molina denuncia que los taxis para pacientes están parados mientras otros vehículos circulan. Los enfermos deben pagar sumas exorbitantes por el transporte, y las sesiones de hemodiálisis se espacian. La doctora Luisa Ilizástegui, desde Santiago, advierte sobre el aumento de infecciones por la falta de gasas y materiales de esterilización. La escasez de medicinas, hierro y hasta transfusiones, obliga a las familias a buscar en el mercado informal. El doctor Molina lo resume con dolor: “Es un genocidio silencioso.”

Qué viene ahora

El camino que se abre es incierto y peligroso. Los próximos días serán cruciales para estos pacientes. Habrá que observar si las promesas oficiales se traducen en soluciones reales, si el combustible llega y si los insumos aparecen en los hospitales.

La mirada atenta debe posarse en cómo el sistema de salud intenta sortear esta tormenta. La vida de miles depende de ello. La crónica de esta crisis continúa, y cada amanecer trae la pregunta de si la ayuda, finalmente, llegará a tiempo.

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