Cuando la Luz se Va: La 'Cultura de Apagones' Transforma La Habana
sábado, 14 de febrero de 2026
En pocas palabras
Los apagones diarios en La Habana han creado una "cultura" de incertidumbre, con residentes luchando por vivir sin luz, comida o seguridad.
Mas detalles
Qué pasó
En Alamar, un barrio de La Habana, los apagones se han convertido en la costumbre, no en la excepción. La electricidad juega al "quita y pon", y la luz se va y vuelve varias veces al día sin aviso. Esto detiene la vida, dejando a los vecinos en penumbra por quince o incluso veinte horas diarias.
Heidi Martínez, la administradora de un edificio alto, ya es una experta en abrir ascensores a mano. Grita preguntando si hay alguien atrapado, mientras la linterna de su móvil es el único faro en la oscuridad.
Dónde y cuándo
Esta historia se desarrolla en Alamar, en un edificio de dieciocho pisos a las afueras de la capital cubana. Estamos en las últimas semanas, y la situación se ha vuelto insostenible. La crisis, según algunos vecinos como Gladys Berriel, se siente con fuerza desde el 2023.
Heidi, Erleny y Gladys son parte de los rostros que viven esta rutina. Sus días transcurren entre la espera y la sorpresa, con la linterna del móvil siempre a mano, esperando el siguiente corte.
Por qué es importante
La vida cotidiana se ha vuelto una carrera de obstáculos. Cocinar, guardar alimentos o simplemente descansar, se convierte en una tarea casi imposible. La incertidumbre desgasta el ánimo de todos.
Además, hay riesgos: ascensores detenidos y escaleras sin luz son una trampa. El bolsillo también sufre; reparar un electrodoméstico dañado por los cortes, como la nevera de Gladys, puede costar más que su pensión mensual. Es una elección difícil entre comer o arreglar lo poco que se tiene.
Qué dicen las partes
El gobierno cubano apunta a un "asedio petrolero" por parte de Washington como la causa de esta crisis. Explican que el suministro de combustible se redujo desde enero y que la isla solo produce un tercio de la energía que consume, con plantas viejas y fallando.
Las autoridades han tomado medidas: servicios mínimos en hospitales, clases a distancia y racionamiento de combustible. Sin embargo, para los vecinos como Heidi, Erleny y Gladys, estas explicaciones no alivian la angustia diaria ni la oscuridad en sus hogares.
Qué viene ahora
La vida en los barrios de La Habana sigue en esta danza de sombras y espera. Los residentes han adoptado una "cultura de apagones", adaptándose forzosamente a lo que ya no consideran algo provisional. La linterna del móvil se ha vuelto un símbolo de esta lucha diaria.
No se vislumbra una solución inmediata, y la rutina de los cortes de luz parece ser la nueva normalidad. La resiliencia no es una opción, sino una necesidad vital para los que, día tras día, viven a oscuras y a la espera.
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