Cuba Enfrenta Ola de Frío Mientras el Fantasma de Mazorra Regresa

domingo, 1 de febrero de 2026

En pocas palabras

Una ola de frío inusual golpea Cuba, despertando el doloroso recuerdo de la tragedia de Mazorra en 2010, donde 26 pacientes del Hospital Psiquiátrico de La Habana murieron por hipotermia y abandono.

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Qué pasó

El aire en Cuba se ha vuelto cortante, trayendo consigo un frío que no es común en estas tierras tropicales. No es solo el viento helado el que estremece el cuerpo, sino la memoria congelada de un suceso que marcó la Isla: la tragedia del Hospital Psiquiátrico de La Habana, conocido por todos como Mazorra.

Este frente frío, que ha bajado las temperaturas de manera drástica, no solo trae consigo la necesidad de abrigarse, sino también el fantasma de un pasado doloroso. Es como si el calendario se hubiese torcido, devolviéndonos a aquel 15 de enero de 2010, un día que muchos querrían borrar de la historia de Cuba.

Dónde y cuándo

La masa de aire frío, de origen ártico según los que saben del tiempo, se ha asentado principalmente sobre el occidente y el centro del país. Las mínimas rondan los 11 y 14 grados Celsius, números que para una nación acostumbrada al sol, resultan casi ajenos. Las palmas se doblan con el viento y la gente busca refugio en sus hogares, si los tienen.

Aquel fatídico 15 de enero de 2010, en el corazón de La Habana, Mazorra se convirtió en el escenario de una pesadilla. En medio de una ola de frío similar a la actual, la vida de 26 pacientes se apagó. No fue solo el frío, sino la hipotermia, la desnutrición y, sobre todo, el abandono, lo que los llevó a un final tan cruel. Las imágenes de entonces, con cuerpos sin abrigo, camas desnudas y salas desoladas, aún resuenan en la memoria colectiva, un grito mudo de una noche que no debió ser.

Por qué es importante

Este nuevo embate del frío no es un simple fenómeno meteorológico; es un recordatorio amargo de las vulnerabilidades que persisten. Dieciséis años después de Mazorra, la realidad social cubana sigue siendo un terreno frágil, donde la pobreza, los apagones constantes y la escasez de lo más básico son el pan de cada día para muchos.

La crisis migratoria ha dejado una estela de ancianos que viven solos, sin el calor de la familia ni el apoyo de instituciones fuertes. Sus pensiones no alcanzan, sus viviendas se caen a pedazos y el acceso a una luz o a una comida caliente es una batalla diaria. En este contexto, el frío deja de ser un inconveniente para convertirse en una amenaza directa a la vida de los más desprotegidos. El sistema de salud, con sus hospitales carentes de insumos y personal agotado, apenas puede ofrecer consuelo, aumentando la preocupación generalizada.

Qué dicen las partes

Desde las esferas oficiales, el mensaje ha sido un llamado a la “precaución”, una frase que suena a consejo al aire cuando se compara con la magnitud del riesgo. No se han anunciado planes concretos ni medidas específicas para proteger a los pacientes que están en los hospitales, a los ancianos que viven en residencias o a las personas con trastornos mentales, que son precisamente los grupos más indefensos ante esta embestida del tiempo.

Mientras tanto, en las redes sociales, la voz del pueblo se alza con una urgencia palpable. Cubanos de dentro y fuera de la Isla tejen una red virtual de solidaridad, pidiendo con insistencia que se cuide a los mayores, que se compartan abrigos, mantas y cualquier alimento caliente que se pueda conseguir. Es un eco que no olvida la lección de Mazorra, un recordatorio de que el frío, cuando se junta con el abandono y la desidia, puede ser un verdugo silencioso y despiadado.

Qué viene ahora

Los vaticinios meteorológicos apuntan a que esta ola de frío persistirá durante varios días más, prolongando la tensión y la incertidumbre. Para muchos, no se trata solo de aguantar las bajas temperaturas; es un examen, una prueba incómoda para la conciencia colectiva.

La pregunta flota en el ambiente, fría como el viento: ¿aprendió Cuba realmente algo de aquella noche oscura en Mazorra, o esa herida sigue abierta, esperando las condiciones adecuadas para volver a sangrar? El desenlace está en el aire, en las acciones que se tomen y en la mirada atenta de una población que espera que la historia no se repita, especialmente para aquellos que menos pueden defenderse del rigor del tiempo y del olvido.

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