Cuba Modifica Ley de Vivienda: Emigrantes Ya No Perderán Sus Casas

martes, 10 de febrero de 2026

En pocas palabras

Cuba prepara una nueva Ley de Vivienda que eliminará la confiscación de propiedades a quienes emigren, un cambio significativo para la diáspora.

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Qué pasó

Hubo un tiempo, no tan lejano, en que irse de Cuba era como dejar un pedazo del alma y, a veces, hasta el techo. La casa, esa que uno levantaba con sudores y sueños, podía esfumarse. El Estado la tomaba, sin más, bajo el ojo de una ley que llamaba “abandono” a la partida.

Pero el viento trae nuevos aires. Ahora, un borrador de la Ley de Vivienda propone borrar esa condena. Se dice, en letra pequeña pero con eco grande, que la confiscación por salir del país ya no será un fantasma que persiga a los propietarios.

Dónde y cuándo

Esta movida se cuece en los despachos de La Habana, donde los papeles de una nueva Ley de Vivienda se miran y remiran. Estamos en febrero de 2026, y la historia de las casas perdidas se extiende por décadas, desde los noventa hasta hoy.

Los personajes de esta trama son miles: los cubanos que un día empacaron maletas y el gobierno, que ahora repiensa sus reglas. Es un escenario que abarca la isla y a toda su gente regada por el mundo.

Por qué es importante

Es un cambio que importa. Mucho. Para los que soñaron con volver y encontrar sus llaves en la puerta, para los que desde lejos enviaban dinero y guardaban la esperanza. La ley vieja era una herida, un castigo mudo.

Ahora, al quitar esa confiscación, el Estado manda una señal, casi un guiño, a esa diáspora que se ha vuelto tan esencial para el latido económico de muchas familias. No es solo un papel, es un reconocimiento a una realidad imparable.

Qué dicen las partes

Los que escribieron el nuevo texto admiten algo que ya se sabía en las calles: el viejo sistema de vivienda era un enredo, un laberinto de más de cien normas, un caos que solo traía dolores de cabeza. Era una maraña sin sentido.

Con esta propuesta, el gobierno dice, en voz baja, que busca poner orden. Y aunque no recuperará las casas de antaño, ni promete una libertad total de propiedad, sí flexibiliza una de las cuerdas que más apretaban a los que decidían buscar otros horizontes.

Qué viene ahora

El camino no termina aquí, este es solo un capítulo. El anteproyecto aún respira, y habrá que ver cómo se cose esta ley y cómo se aplica al día a día. La mano del Estado, aunque menos dura al confiscar, sigue ahí, vigilando el terreno de la propiedad.

Para muchos, la cicatriz de las casas perdidas ya no tiene remedio. Pero para las futuras despedidas, el panorama se dibuja con una luz distinta. La Habana, poco a poco, ajusta sus pasos en este baile donde lo que se da, a veces, también se toma.

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