Diálogo Secreto: Marco Rubio y el Nieto de Raúl Castro Dividen al Exilio Cubano
jueves, 19 de febrero de 2026
En pocas palabras
Marco Rubio, Secretario de Estado de EE.UU., mantuvo supuestas conversaciones con el nieto de Raúl Castro, dividiendo al exilio cubano sobre una posible transición.
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Qué pasó
Un eco discreto, casi un susurro, se convirtió en noticia. Los pasillos de la diplomacia bullían con un secreto a voces: Marco Antonio Rubio, actual Secretario de Estado de Estados Unidos, mantenía supuestas conversaciones con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, el nieto de Raúl Castro Ruz. La revelación, que llegó de la mano de Axios, encendió las alarmas y las pasiones en la comunidad cubana del exilio, dividiéndola como nunca antes.
No era un diálogo cualquiera; se trataba de un puente tendido hacia el círculo más íntimo del poder en La Habana. Estas reuniones, se decía, buscaban un interlocutor más allá de la burocracia oficial, apuntando directamente a quienes verdaderamente mueven los hilos.
Dónde y cuándo
El escenario principal fue la discreción de encuentros no oficiales, pero el impacto resonó desde Washington hasta Miami. Las noticias estallaron a mediados de febrero de 2026, justo cuando se acercaba un aniversario doloroso: el trigésimo de la tragedia de Hermanos al Rescate.
Los protagonistas, Marco Antonio Rubio por un lado y el joven Rodríguez Castro por el otro, se movían en una danza política que excluía al mismísimo gobernante Miguel Díaz-Canel. Miami, epicentro del exilio, se convirtió en la caja de resonancia de esta sorprendente saga.
Por qué es importante
La importancia de estos contactos es un nudo gordiano. Para el exilio cubano, toca la fibra más sensible: la posibilidad de una transición política en Cuba y el rol de la familia Castro en ella. Para Washington, representa un intento de comprender y quizás influir en el “poder real” en la isla.
Este diálogo abre una puerta, quizás, a caminos antes impensables. Pero al mismo tiempo, amenaza con fracturar aún más la ya compleja unidad del exilio. Es un juego de equilibrios donde la esperanza y la desconfianza bailan juntas, marcando un antes y un después en la tensa relación bilateral.
Qué dicen las partes
En el torbellino de opiniones, hubo voces de todo tipo. Analistas como Andy Gómez recordaron que Raúl Castro siempre confió solo en los suyos, explicando así la elección de su nieto. Eloy Viera sugirió que la administración de Donald Trump, con Rubio al frente, busca al poder auténtico, no a las caras visibles.
Sin embargo, la indignación fue palpable en sectores más radicales. Miguel Cossio declaró tajantemente que ningún Castro debería ser parte de un cambio político. Sebastián Arcos Cazabón secundó, rechazando figuras como Alejandro Castro Espín o Raúl Guillermo Rodríguez Castro, a quienes ve como la continuidad de un régimen inaceptable.
En este contexto, congresistas cubanoamericanos, entre ellos Mario Díaz-Balart y María Elvira Salazar, urgieron al presidente Trump a investigar la responsabilidad de Raúl Castro en el derribo de Hermanos al Rescate, añadiendo otra capa de tensión entre la justicia histórica y la estrategia política.
Qué viene ahora
Ahora, el aire se llena de preguntas. Marco Antonio Rubio camina sobre una cuerda floja, buscando abrir grietas en el sistema cubano sin traicionar la demanda histórica de justicia del exilio. La comunidad, expectante y dividida, observa cada paso.
¿Apoyará el exilio la táctica de Rubio sin dudar, o la exigencia de rendición de cuentas por el pasado pesará más que cualquier cálculo político? El futuro de la relación entre Washington y La Habana, y el destino de la Isla, bien podrían definirse en los ecos de estas conversaciones secretas.
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