Doble Derrumbe en La Habana Vieja Desvela la Crisis Habitacional
martes, 13 de enero de 2026
En pocas palabras
Dos derrumbes en La Habana Vieja exponen el grave deterioro de la vivienda y la inacción gubernamental, atemorizando a los residentes.
Mas detalles
Qué pasó
La Habana Vieja, con sus callejones llenos de historia, volvió a contar una pena doble. Dos edificios, viejos y cansados, decidieron ceder. Primero, el que hacía esquina en Aguiar y Muralla, una mole que venía anunciando su fatiga desde 2018. Luego, casi sin avisar, el alero de una azotea en Teniente Rey dijo basta.
No hubo gritos de dolor, pero sí el silencio pesado del polvo y el susto en los ojos. Es la rutina de un fondo que se desmorona a pedazos, sin permiso, frente a todos.
Dónde y cuándo
Todo ocurrió en el corazón mismo de La Habana Vieja, en esas calles que huelen a salitre. El primer suceso, en Aguiar y Muralla, es una herida abierta, una advertencia que no encontró cura. Sus grietas eran tan profundas como la memoria del barrio. El segundo, más reciente, fue este martes 13 de enero de 2026, temprano en la mañana, sobre las seis.
Allí, en Teniente Rey, entre Aguacate y Villegas, el cielo dio un golpe seco. Un alero se vino abajo, despertando a los vecinos y dejando al descubierto la fragilidad de al menos seis hogares. Acudieron los bomberos, pero el gobierno, la voz de la ciudad, no se hizo presente.
Por qué es importante
Estos derrumbes no son solo ladrillos cayendo; son el síntoma visible de una dolencia profunda. Muestran, sin disfraz, la grave crisis de vivienda que abraza a La Habana, el cansancio de un patrimonio que pide a gritos ser salvado.
Son un espejo de desatención. Mientras se levantan hoteles brillantes para el turismo, los techos de los habaneros se agrietan, amenazando la vida. Es una diferencia que pesa y marca la suerte de miles.
Qué dicen las partes
Los vecinos, quienes viven el miedo día a día, alzan la voz. Cuentan la misma historia: reclamos ignorados, promesas vacías. Han visto las grietas crecer y han denunciado el peligro una y otra vez. Tras el último derrumbe, agradecieron que no hubiera heridos, pero preguntaron dónde estaban las autoridades que debían responder.
No hubo voces oficiales, ni explicaciones. Solo el eco del silencio y la sensación de abandono. Es un diálogo de una sola parte, donde el pueblo habla y la respuesta se pierde en la desidia.
Qué viene ahora
La escena no termina aquí. La ciudad seguirá respirando bajo la amenaza de nuevos colapsos. Los techos crujirán, los muros agrietados serán el pan de cada día. Los residentes vivirán con la incertidumbre, con la maleta medio hecha por si el próximo derrumbe les toca a ellos.
La Antena seguirá narrando esta crónica lenta, esta película sin final feliz, donde el contraste entre el lujo turístico y la ruina doméstica se hace cada vez más grande. La mirada se posa en los siguientes días, esperando ver si el clamor, por fin, encuentra un eco en los despachos donde se decide el futuro de la gente.
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