El adiós silencioso: Médicos cubanos rompen filas en Venezuela
jueves, 15 de enero de 2026
En pocas palabras
Dos médicos cubanos en Venezuela abandonan su misión, temiendo severas penas de prisión y confiscación de bienes si regresan a Cuba sin permiso. Su historia no es única.
Mas detalles
Qué pasó
Dos médicos cubanos en Venezuela tomaron una decisión vital: abandonar su misión. No fue un adiós sencillo. Un estomatólogo y una doctora dejaron su labor, en un ambiente que, aseguran, se volvió tenso y confuso.
Su historia es de cautela. Escogieron el anonimato, temiendo las leyes de su país natal. Buscan evitar un destino sombrío si regresan.
Dónde y cuándo
La escena ocurre en los estados venezolanos de Mérida y Táchira, en enero de 2026. Los médicos percibían un cambio en el aire, entre rumores y creciente inquietud.
Las calles venezolanas, antes su lugar de trabajo, ahora son refugio. Todo esto, tras movimientos políticos y militares. La historia fue reportada por Cuba 360.
Por qué es importante
Esta decisión importa a muchos, en especial a los médicos cubanos en misiones. Su testimonio ilumina las presiones y miedos que viven. Revela el lado oculto de una cooperación médica forzada.
Para el gobierno cubano, es un desafío. Para los derechos humanos, una alerta sobre la protección de estos profesionales. Abre debates sobre libertad y condiciones de trabajo.
Qué dicen las partes
Los médicos, anónimos, hablan de temor real. Citan el Artículo 176 del Código Penal cubano, que castiga el "abandono de funciones" con hasta ocho años de prisión y confiscación.
Relatan información contradictoria sobre "operaciones militares" y posible retirada. Mencionan controles reforzados: concentración en "casas seguras" y limitación de contactos.
Les pidieron tener lista la "PAMUSE", su mochila de emergencia, para posibles traslados. Todo, con lenguaje militarizado. El gobierno cubano no ha respondido a estos relatos.
Qué viene ahora
Estos dos médicos, y otros trece que les siguieron, permanecen ocultos en Venezuela. Es una espera tensa. Buscan protección, quizás asilo, en este país.
Esperan que organizaciones de derechos humanos les apoyen. Anhelan garantías públicas para vivir y trabajar sin amenazas. Sueñan con residencia legal y condiciones de igualdad, lejos de presiones y cárcel. Es un futuro incierto, pendiente.
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