El eco de un derribo: Hermanos al Rescate, 30 años de una herida
martes, 24 de febrero de 2026
En pocas palabras
Treinta años después, el derribo de avionetas de Hermanos al Rescate sigue siendo una herida abierta entre Cuba y Estados Unidos, con justicia pendiente.
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Qué pasó
Una tarde de febrero, hace ya treinta años, el cielo sobre el Estrecho de la Florida se tiñó de tragedia. Dos pequeñas avionetas, de esas que buscan a los perdidos en el mar, fueron interceptadas. Aviones de combate, veloces y armados, las alcanzaron sin piedad, destruyéndolas en el aire.
Cuatro hombres perdieron la vida en ese instante, en un suceso que marcó un punto amargo en las relaciones entre dos naciones cercanas y distantes a la vez.
Dónde y cuándo
Todo ocurrió el 24 de febrero de 1996, justo en esas aguas internacionales que separan la isla de la península. Eran dos Cessna 337, aeronaves ligeras, sin defensa alguna, que pertenecían a la organización Hermanos al Rescate.
Cuatro vidas se apagaron ese día: Mario Manuel de la Peña, Carlos Alberto Costa, Armando Alejandre Jr. y Pablo Morales, todos hombres con lazos a la tierra cubana y ciudadanía estadounidense, salvo Morales.
Por qué es importante
Este suceso no fue solo la pérdida de vidas; fue un golpe que cambió el pulso entre Cuba y Estados Unidos. Para las familias, una herida abierta que aún sangra y reclama justicia.
Para la política, provocó un endurecimiento visible de la postura estadounidense, manifestado en la aprobación de la Ley Helms-Burton, marcando un antes y un después. Y para la historia, un recordatorio sombrío de la confrontación latente.
Qué dicen las partes
Desde La Habana, Fidel Castro asumió la responsabilidad general por las órdenes que llevaron al derribo de las aeronaves. Se mencionó a Raúl Castro como figura clave en el diseño y la ejecución operativa de aquella acción militar.
La organización Hermanos al Rescate, conocida por sus misiones humanitarias y el salvamento de miles de balseros, vio truncada parte de su noble labor. Las voces de las víctimas y sus seres queridos claman por una justicia que, tras tres décadas, aún parece lejana y sin resolverse.
Qué viene ahora
Treinta años han pasado, y las heridas no cierran. El episodio sigue siendo un símbolo de impunidad para muchos en el exilio cubano y observadores internacionales.
El tiempo dirá si la memoria de aquel febrero logra una verdad más completa o si las nuevas generaciones lo verán como una página más en el complicado libro de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, con una justicia que sigue siendo una asignatura pendiente.
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