El Gas se Esconde: La Habana en Filas Interminables ante la Crisis

sábado, 14 de febrero de 2026

En pocas palabras

La Habana vive días de filas interminables por el gas, reflejando una crisis energética que fuerza a muchos a buscar soluciones antiguas para cocinar.

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Qué pasó

La tarde se pintó de rojo sobre Regla. Cientos de personas, en su mayoría ancianos, formaban una cola interminable. Todos esperaban lo mismo: una balita de gas de Cupet, el sustento esencial para sus cocinas. Los tanques vacíos, o viejos carritos de la compra, servían como asientos improvisados, testigos mudos de la paciencia.

El camión con el preciado gas llegó cerca de las seis. La esperanza se encendió, pero el avance fue lento. Apenas dos horas después, la multitud apenas se movía, entre murmullos de impaciencia y alguna que otra discusión que rompía la calma. No todas las filas en La Habana se parecían; algunas mantenían un orden frágil, mientras otras eran un reflejo del desorden total.

Dónde y cuándo

Esta escena, teñida de espera y resignación, tuvo lugar en Regla, un martes de febrero de 2026. Sin embargo, no era un evento aislado. La misma danza de la espera se replicaba en otros barrios de La Habana, y en las vecinas provincias de Artemisa y Mayabeque.

Los protagonistas eran, en esencia, ciudadanos que dependían de este suministro vital. Se contaban historias de madres en el Cerro que lograron el gas horas antes, mientras otros en Guanabacoa esperaban sin éxito. El reloj no se detenía, marcando el ritmo de la necesidad bajo el sol y la luna cubana.

Por qué es importante

Esta escasez de gas no es solo un inconveniente pasajero. Es el reflejo más crudo del recrudecimiento de la crisis energética que golpea a Cuba. La demanda se ha disparado en el último mes, creando un mercado informal donde una balita puede costar hasta 30.000 pesos cubanos, un precio inalcanzable para la mayoría.

La falta de gas y electricidad está obligando a muchos a un regreso al pasado. Las cocinas de leña y carbón, antes más comunes en el oriente del país, ahora resurgen en pleno corazón de los barrios de La Habana. Esto representa un paso atrás en la calidad de vida y una carga extra para las familias, que deben reinventar cada día cómo poner un plato en la mesa.

Es un golpe a la dignidad y a la estabilidad, evidenciando la fragilidad de un sistema que lucha por satisfacer las necesidades más básicas de su gente. Esta situación agudiza la tensión social y económica en el archipiélago.

Qué dicen las partes

Desde las esferas oficiales, la Empresa de Gas Licuado (GLP) ha intentado poner orden. Anunciaron la distribución de 15.000 cilindros diarios, destinados a La Habana, Artemisa y Mayabeque, con la promesa de una distribución equitativa y priorizando las zonas de mayor densidad poblacional. El protocolo oficial, difundido en grupos de Telegram, indicaba que la prioridad debía ser para quienes más tiempo llevaban sin reponer el gas.

Las normativas eran claras: un solo cilindro por contrato y los mensajeros solo podían adquirir uno por cliente al día. Pero la calle, con su propia sabiduría, narra una realidad distinta. En la calle Obispo de Guanabacoa, solo 150 balitas fueron despachadas a los primeros de la fila, mientras muchos que llevaban meses esperando se quedaban con las manos vacías. Se murmuraba que mensajeros y "marcadores" se saltaban las reglas, haciendo caso omiso a la prioridad dictada.

Qué viene ahora

El origen de esta escasez crítica tiene un nombre y una fecha. Históricamente, Jamaica era el proveedor de gas licuado para Cuba. Pero el 30 de enero de 2026, la administración de Donald Trump impuso una sanción. Esta medida prohíbe a cualquier país suministrar combustible a la Isla, cerrando una puerta vital.

El tanquero cubano Emilia es el símbolo de este bloqueo. El 1 de febrero, regresó vacío al puerto de Cienfuegos, tras un intento fallido de comprar GLP en Kingston. La población, ahora, mira al futuro con incertidumbre. ¿Qué nuevos puertos se abrirán? ¿Qué estrategias se tejerán para que el gas vuelva a encender la llama en las cocinas de La Habana? La espera, sin duda, continuará.

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