El Precio de la Ausencia: Cuba Sufre la Gasolina por las Nubes
martes, 27 de enero de 2026
En pocas palabras
La escasez de gasolina en Cuba ha disparado los precios en el mercado informal hasta más de 1.000 pesos por litro, paralizando la vida y provocando apagones constantes por falta de combustible.
Mas detalles
Qué pasó
El pulso de Cuba se siente lento, casi detenido. La gasolina, ese motor de la vida diaria, se ha vuelto un bien fantasma en las estaciones del estado. Las bombas duermen, vacías, mientras en el mercado informal, su precio despierta cada mañana con un nuevo sobresalto.
La escasez ha llegado como una ola silenciosa a cada calle, transformando la rutina en una búsqueda incesante. Martí Noticias nos cuenta que la isla se mueve ahora al compás de apagones que se multiplican. La economía respira con dificultad, el aire se siente más denso que nunca.
Dónde y cuándo
Esta escena se repite por toda la isla, un eco triste. Desde La Habana, con sus viejos coches casi inmóviles, hasta Mayabeque y Camagüey, donde los campos esperan el motor que no llega. Sucede ahora mismo, en estas semanas recientes.
Cada amanecer ilumina gasolineras desiertas y colas eternas que se disuelven sin una gota de combustible. Los rostros, marcados por el cansancio, miran el reloj del día y la oscuridad de la noche que se anuncia. Es un drama que se cocina en cada fogón y se vive en cada casa donde la luz se apaga sin previo aviso.
Por qué es importante
Esto toca la fibra de cada cubano, del que va al trabajo a la madre que busca cocinar. La vida cotidiana se detiene o se complica hasta lo insoportable. Esta falta no solo afecta el transporte; es la clave que decide si hay luz o si se puede preparar la comida.
Es el latido mismo de la isla el que se resiente. La crisis abre la puerta a un colapso más profundo si no llegan soluciones. Cierra, por ahora, la esperanza de una vida normal.
Qué dicen las partes
Desde la calle, la gente murmura su impotencia. Compran lo poco que aparece "al precio que quieren" los vendedores informales. El control oficial ha desaparecido, solo manda la necesidad.
Muchos adquieren gasolina apenas para encender el fogón o mantener un pequeño generador, buscando una chispa en la oscuridad. La Unión Eléctrica de Cuba ya ha puesto fecha a la penumbra: más de la mitad del país quedará sin electricidad en horas punta. Las termoeléctricas, gigantes dormidos, no tienen con qué encenderse. Los expertos señalan que el fin del apoyo petrolero de Venezuela es una herida abierta que no cicatriza.
Qué viene ahora
El camino hacia adelante parece incierto, envuelto en una densa neblina. Las colas en las gasolineras, que hoy duran días sin garantía, podrían volverse más largas, más desesperadas.
La economía, ya de rodillas, corre el riesgo de caer por completo si el petróleo no fluye de nuevo. Todos miran al horizonte, esperando que de algún puerto llegue una solución, un barco con el líquido preciado. Mientras tanto, la vida sigue al ralentí, entre el silencio de los motores y el parpadeo incierto de la electricidad. Es una espera que cada día se hace más pesada, con la pregunta de cómo se moverá la isla mañana.
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