El Viajero Invisible: Canadiense Voló Cuatro Años Sin Pagar y Fue Detenido

domingo, 25 de enero de 2026

En pocas palabras

Un canadiense fue arrestado tras volar gratis por cuatro años en aerolíneas estadounidenses, usando una identificación falsa y explotando fallas de seguridad.

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Qué pasó

Imaginen esto: un hombre, Dallas Pokornik, se deslizó por las terminales de Estados Unidos como un fantasma. Durante cuatro años, logró lo impensable, el sueño de muchos: volar sin pagar un solo centavo. Un truco de magia aérea que duró más de lo imaginable.

Se hizo pasar por trabajador de varias aerolíneas. Con una identificación falsa, abría puertas restringidas y ocupaba asientos que eran solo para la tripulación. Un baile silencioso entre aviones y cielos ajenos.

Dónde y cuándo

La farsa, que duró de 2017 a 2019, aunque sus vuelos se extendieron más allá, encontró su final lejos. Fue en Panamá donde las autoridades lo encontraron, bajo el sol tropical, y lo extraditaron a Estados Unidos. Allí, en la corte federal de Hawái, el telón se alzó para el drama judicial.

Las aerolíneas afectadas, sin nombre, tenían bases en ciudades como Honolulu, Chicago y Fort Worth. Cuatro años de despegues y aterrizajes, con el aire fresco de la libertad robada. El reloj, al fin, le marcó la hora.

Por qué es importante

Este cuento de vuelos sin boleto nos toca a todos los que miramos al cielo con confianza. Destapa una fisura, una grieta inesperada, en los sistemas de seguridad de la aviación. Demuestra que, con ingenio y un viejo carné, se puede burlar a gigantes.

Es una señal de alarma que zumba en los oídos de las aerolíneas y los aeropuertos. Un recordatorio amargo de que la vigilancia nunca debe dormirse. Que un fallo administrativo puede abrir la puerta a un mundo de problemas.

Qué dicen las partes

La corte federal de Hawái lo acusa de fraude electrónico, un cargo serio que pesa en el aire. Dallas Pokornik, con la mirada al frente, ha dicho que no es culpable. La partida apenas comienza.

Air Canadá, la aerolínea donde el hombre trabajó hace años, se desmarca del asunto, diciendo que no figura en sus registros. Las otras compañías afectadas prefieren el silencio, quizás evaluando sus propios fantasmas internos. Los expertos, esos que saben de números y riesgos, ya hablan de la urgencia de revisar los protocolos viejos.

Qué viene ahora

El camino legal para Pokornik es largo y lleno de curvas. Si lo hallan culpable, le esperan hasta veinte años en una celda y una multa considerable. El precio de la libertad robada puede ser muy alto.

Pero más allá de su destino, este caso ya ha sembrado una semilla. Se espera que las aerolíneas y los aeropuertos revisen sus entrañas, sus listas de empleados, sus entradas y salidas. La meta es simple: que nadie más vuele por la gracia del despiste. Que el cielo, aunque inmenso, esté mejor custodiado.

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