En Santiago de Cuba, el Régimen Derriba Comedor Comunitario, Pero el Sacerdote Promete Reconstruir

sábado, 21 de febrero de 2026

En pocas palabras

En Santiago de Cuba, el régimen demolió un comedor comunitario del Padre Leandro Hung que alimentaba a vulnerables, pero el sacerdote prometió reconstruir.

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Qué pasó

En Santiago de Cuba, bajo un sol que a veces quema y a veces consuela, el régimen dio una orden. Fue la demolición de un comedor comunitario, un rincón de esperanza fundado por el padre Leandro Naun Hung. Este espacio, sostenido solo por donaciones y buenas voluntades, alimentaba cada día a decenas de personas, muchas de ellas ancianos, en medio de la carencia creciente de la isla.

Las autoridades argumentaron “razones administrativas”. Pero el eco de la demolición sonaba a otra cosa: a un mensaje claro contra la ayuda que nace fuera de los caminos oficiales.

Dónde y cuándo

La escena se pintó en Santiago de Cuba, hace poco, en estos días que corren. Allí, entre las calles que conocen el hambre, el comedor del padre Hung era un faro. No había bullicio de grandes maquinarias, sino el trabajo discreto de quienes llevaban un plato de arroz y viandas a la mesa. Era el contraste del día a día, la lucha silenciosa por llevar algo al estómago.

El periodista Mario Vallejo, desde su balcón virtual, nos trajo la noticia y el sentir del pueblo.

Por qué es importante

Este suceso no es una simple obra que se cae. Es el reflejo de una Cuba donde las necesidades aprietan y la ayuda solidaria, cuando no viene del Estado, incomoda. Importa para esos abuelos que veían en ese plato un respiro. Es la historia de un choque: la urgencia de la gente frente a la mano que quiere controlar todo, hasta la caridad.

El cierre de este comedor abre la conversación sobre el espacio que tiene la sociedad civil en medio de las limitaciones.

Qué dicen las partes

Las autoridades, como es costumbre, hablaron de trámites y papeles, de la ley que se cumple. Pero la voz más fuerte, la que retumba, es la del padre Leandro Naun Hung. Él, con la fe de quien no se rinde, sentenció: “Si me destruyen un comedor, levanto otro; no voy a dejar de ayudar a los más vulnerables”.

Mario Vallejo, el cronista, lo dejó claro: es un síntoma de cómo la necesidad social choca con el control estatal. Y organizaciones como Food Monitor Program no paran de señalar que cada día más gente depende de estos gestos de bondad.

Qué viene ahora

La escena no termina aquí. La promesa del padre Hung de reconstruir el comedor nos dice que el espíritu de ayuda no se demuele tan fácil. Seguiremos viendo la tensión entre quienes buscan llevar alivio y un sistema que lo mira todo con recelo. Otros activistas, como Yamilka Lafita, también seguirán su camino, enfrentando obstáculos al repartir alimentos.

La necesidad sigue en el aire, y con ella, la lucha de corazones valientes que no se cansan de tender la mano.

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