La Batalla Diaria de Christopher: Un Niño con Parálisis Cerebral Olvidado en Camagüey
sábado, 21 de febrero de 2026
En pocas palabras
Christopher, un niño camagüeyano con parálisis cerebral, vive una odisea diaria subiendo escaleras. Su padre denuncia la inacción oficial y las promesas incumplidas.
Mas detalles
Qué pasó
En el corazón de Camagüey, un niño de diez años, Christopher Daniel Infante Basulto, libra una batalla silenciosa, escalón tras escalón. Desde que nació, la parálisis cerebral es su sombra, y cada movimiento es un reto. Imaginen un hogar donde cada puerta, cada pasillo, cada metro, se vuelve una trampa para él.
Su padre, Juan Infante, médico de profesión en el Hospital Pediátrico de la ciudad, alzó la voz. Desde las redes sociales, hizo público el dolor, la frustración: las autoridades, parece, han mirado hacia otro lado, dejando a su hijo en un laberinto sin salida aparente.
Dónde y cuándo
La escena se desarrolla en Camagüey, Cuba, en este febrero de 2026. Christopher vive con su familia en un quinto piso. Piensen en el aire de la ciudad, la luz que entra por la ventana, y luego, el peso de esa subida, esa pendiente que no termina.
Cuando sus padres no pueden cargarlo, Christopher tiene que subir. Escalón a escalón, con el riesgo latente de un tropiezo, una caída. Es un cuadro que se repite, día tras día, en un edificio donde el ascensor brilla por su ausencia, y la accesibilidad es solo una palabra lejana.
Por qué es importante
Este no es solo el lamento de una familia. Es el espejo donde se reflejan los derechos de los más vulnerables. La historia de Christopher es un recordatorio agridulce de que el Estado, se supone, debe velar por la dignidad de todos sus ciudadanos, especialmente de aquellos en una situación frágil.
Juan Infante no solo denuncia el abandono, sino que cuestiona si se cumple el Artículo 89 de la Constitución cubana y el Artículo 28 de la Convención de Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad. Estos textos, que prometen humanidad y vivienda segura, parecen quedarse en el papel para Christopher.
Qué dicen las partes
Desde el balcón de su dolor, Juan Infante ha señalado con nombre y apellido a varios dirigentes. Walter Simón Noris, Yoandris Ruis Villalón, Carlos Morán Giraldo, Roberto Morales Ojeda, Jorge Sutil Sarabia y Lázaro Echevarría Rodríguez. Todos ellos, según el padre, han hecho promesas. Compromisos que, hasta ahora, se han desvanecido en el aire como humo.
El padre de Christopher insiste: la sensibilidad y la responsabilidad parecen ser conceptos ajenos para estos funcionarios. La casa del niño sigue sin adaptarse, sin ese mínimo de dignidad que permitiría a Christopher moverse con libertad y seguridad.
Qué viene ahora
El reloj sigue su marcha, y cada día sin solución es un peso más sobre los hombros de Christopher y su familia. La denuncia pública es, quizás, la única arma que les queda para mover montañas o, al menos, para que alguna autoridad mire realmente el problema de frente.
Lo que viene ahora es incierto. Más promesas, quizás. O, con suerte, una acción concreta que transforme la vida de Christopher. Mientras tanto, la ciudad sigue su pulso, y la familia Infante, en su quinto piso, sigue esperando que la humanidad y la responsabilidad encuentren, por fin, el camino hasta su puerta.
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