La Habana bajo el agua: Inundaciones azotan el Malecón con vientos feroces

domingo, 1 de febrero de 2026

En pocas palabras

El Malecón de La Habana se inundó por fuertes vientos y oleaje, obligando a evacuaciones y alertando a la población sobre los peligros.

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Qué pasó

Una ola gigante, no de mar sino de agua salada impulsada por vientos rabiosos, asaltó el Malecón de La Habana. Desde el sábado y a lo largo del domingo, las calles se volvieron ríos pequeños, engullendo bordillos y desafiando a los transeúntes. No era una lluvia cualquiera, sino el mar que, enfurecido, reclamaba su espacio en la capital.

La penetración del agua, constante y fuerte, ha transformado el paisaje costero. Los vehículos navegan con dificultad, el paso de la gente se hace un desafío y la salinidad muerde el aire, dejando su rastro visible por doquier. Es una danza cruda entre la ciudad y un océano desatado.

Dónde y cuándo

El escenario principal de este drama acuático es el icónico Malecón de La Habana, esa vena azul que recorre la ciudad. Pero la furia del mar no se quedó ahí; se extendió a todas las zonas bajas del litoral norte, donde la tierra se confunde con el agua.

Todo comenzó la tarde del sábado, y el domingo 1 de febrero de 2026, la situación persistía con la misma intensidad. El viento, un noroeste incansable, soplaba entre 35 y 50 kilómetros por hora, y sus ráfagas, como puñetazos invisibles, llegaron a los 82 km/h en Casa Blanca. Las olas, unas moles de agua, alcanzaron entre 4 y 5 metros, saltando el muro con una fuerza brutal.

Por qué es importante

Esta arremetida del mar es más que un simple espectáculo. Es una alerta que resuena para los habitantes y la infraestructura de La Habana. Las inundaciones dificultan la vida diaria, paralizan el tráfico y ponen en riesgo a quienes viven cerca de la costa. La ciudad se ve obligada a detener su ritmo.

La situación también subraya la vulnerabilidad de las zonas costeras ante los fenómenos meteorológicos. Cada evento de este tipo recuerda la necesidad de preparación y protección, abriendo la conversación sobre cómo enfrentar los embates de la naturaleza que, cada vez más, se hacen sentir. Es un recordatorio palpable de la fuerza imparable del mar.

Qué dicen las partes

Ante el avance del agua, las autoridades no tardaron en reaccionar. El municipio de Plaza de la Revolución inició la noche del sábado la evacuación de personas mayores y con movilidad reducida, llevándolas a lugares seguros. La Cruz Roja y la Defensa Civil, equipos siempre listos, estuvieron al frente de estas labores.

Desde el Consejo de Defensa Provincial, su presidente Liván Izquierdo Alonso, junto a representantes del MININT y Bomberos, recorrió las zonas afectadas. A través de la red social X, alertó a la población y pidió encarecidamente que se siguieran las indicaciones de seguridad. El Instituto de Meteorología, por su parte, proporcionaba los datos precisos sobre la intensidad de vientos y el tamaño del oleaje, pintando el panorama con números y previsiones.

Qué viene ahora

El futuro inmediato pinta más de lo mismo: la alerta se mantiene activa. Las autoridades insisten en que la población evite desplazamientos que no sean estrictamente necesarios. Es tiempo de mirar, esperar y resguardarse, mientras la naturaleza muestra su poderío.

Se recomienda no tocar cables caídos y mantenerse al tanto de la información oficial. La ciudad, con el Malecón todavía lamiéndose las heridas, se prepara para el desenlace de este frente frío, esperando que las aguas retrocedan y la calma vuelva a sus calles. La mirada puesta en el horizonte, a la espera de un respiro.

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