La Habana Vieja Sufre Abandono: Calles Rebosantes de Basura y Aguas Residuales
sábado, 24 de enero de 2026
En pocas palabras
El barrio Jesús María de La Habana Vieja se ahoga en basura y aguas albañales, con vecinos denunciando el grave deterioro sanitario y la inacción de las autoridades. Un panorama de abandono que pone en riesgo la salud.
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Qué pasó
La Habana Vieja, con su aire de tiempo detenido, ha visto cómo una parte de sí se desborda en el presente. Calles anegadas por aguas negras y montañas de basura sin recoger son el pan de cada día. Un hedor persistente se ha vuelto el aroma habitual en el barrio Jesús María. Es una postal de abandono que los mismos vecinos, con sus cámaras en mano, han salido a denunciar.
Las imágenes muestran un deterioro avanzado, un rincón de la capital que parece olvidado. La vida cotidiana se dibuja entre desechos y líquidos contaminados. Es una escena que rompe el corazón, un grito silencioso que busca ser escuchado.
Dónde y cuándo
La historia se ubica en el corazón palpitante de La Habana Vieja, específicamente en el barrio Jesús María. Allí, en esas calles antiguas, es donde la insalubridad ha plantado bandera. Los videos, difundidos en redes sociales, son recientes, de este enero de 2026. Muestran con una crudeza sin filtros la realidad.
Son esquinas residenciales, donde la vida bulle entre muros viejos. Pero ahora, también entre montañas de basura que rozan las ventanas. Las aguas residuales, desbordadas de las fosas, se mezclan con todo, creando riachuelos que obligan a peatones y motoristas a sortear la miseria a cada paso. El sol de La Habana, antes cómplice, ahora ilumina este paisaje desolador.
Por qué es importante
Este escenario no es solo una molestia para la vista o el olfato; es un peligro latente. Es un riesgo directo para la salud pública, un caldo de cultivo para enfermedades que ya se pasean por la ciudad. Dengue y chikungunya encuentran aquí el terreno perfecto para propagarse, entre aguas estancadas y microvertederos.
Además, la acumulación de basura trae consigo otro fantasma: el de los incendios. Ya ha pasado antes, y la amenaza está siempre presente, acechando las casas cercanas. Para los habitantes, y para la ciudad, esto es una cicatriz abierta, una señal clara de que algo vital no funciona. Es la prueba de que, para muchos, las condiciones mínimas de vida no están garantizadas.
Qué dicen las partes
Los vecinos, los que viven y sufren esta realidad, alzan la voz. A través de comentarios en redes, tildan la situación de un riesgo permanente, una vergüenza. Cuestionan con fuerza la inacción de las autoridades, esa que parece no llegar a sus calles. Dicen que no es un caso aislado, que la misma película se repite en muchos otros barrios de la capital, sin que nadie ponga el punto final.
Por su parte, el Primer Ministro, Manuel Marrero Cruz, ha tenido que admitirlo en público. Reconoce que, a pesar de los esfuerzos que dicen hacer, “no se aprecian resultados”. Los camiones de recogida de basura siguen averiados, parados, y la responsabilidad, sin recursos que la acompañen, termina cayendo sobre una población que ya no puede más.
Qué viene ahora
La vista está puesta en el horizonte, pero el camino se ve incierto. La crisis de la basura en La Habana, lejos de amainar, parece afianzarse como un problema estructural. Mientras los camiones recolectores sigan fuera de combate y la voluntad no se traduzca en acción, las calles de Jesús María, y otras tantas, seguirán siendo testigos mudos de este abandono.
Se espera que los brotes de enfermedades persistan, como un eco de esta realidad sanitaria. La ciudad espera, los vecinos también. Miran a ver si alguna vez esta triste historia logra un giro, si la basura deja de ser el retrato de un fracaso y se convierte en el inicio de algo diferente, algo más limpio, más digno para todos.
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