Madre Santiaguera Lucha por Justicia Ante un Proceso Lento y Lleno de Sombras

lunes, 23 de febrero de 2026

En pocas palabras

Una madre en Santiago de Cuba enfrenta un laberinto judicial para denunciar el presunto abuso de su hija, clamando justicia ante un proceso lleno de demoras y desafíos.

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Qué pasó

En el corazón de Santiago de Cuba, una madre valiente levanta su voz, una voz que resuena con la tenacidad del tiempo. Desde hace más de un año, ella libra una batalla judicial que va más allá de los papeles y las leyes. Su denuncia, que apunta a su expareja por presuntas conductas graves contra su hija menor, se ha topado con un muro de demoras y lo que ella describe como irregularidades.

Es una historia de persistencia contra la corriente, donde cada paso parece arrastrar un peso extra. Los indicios de agresión, según los peritajes, confirman la seriedad de su reclamo. Pero el camino hacia el juicio se ha vuelto una espera agotadora.

Dónde y cuándo

La escena se despliega en Santiago de Cuba, bajo un sol que a veces parece indiferente a los dramas humanos. Los hechos denunciados, los que encienden esta lucha, se remontan a mediados de 2023. La acusación formal llegó en octubre de 2024, trayendo consigo la esperanza de una madre y el peso de una verdad incómoda.

La protagonista silenciosa, la hija, tenía apenas 15 años cuando el mundo se le hizo más complejo. Ella, junto a su madre, son el centro de esta trama que se desarrolla entre despachos y la calle bulliciosa de la ciudad. El acusado, Dagoberto Calzado Milanés, se encuentra ahora en prisión provisional, una sombra más en este telón de fondo.

Por qué es importante

Este caso no es solo la historia de una familia; es un espejo que refleja las grietas del sistema. Para la madre, para la hija y para tantas otras que buscan amparo, es una batalla por la dignidad y la protección de los más vulnerables. Cada demora, cada prueba extraviada, cada cambio de instructor, no solo alarga el sufrimiento, sino que pone a prueba la fe en la justicia.

Es importante porque destapa los desafíos que enfrentan quienes denuncian abusos, y la resistencia emocional que exige cada día de espera. Si la justicia tarda, la herida se hace más profunda, y la confianza en las instituciones se resquebraja.

Qué dicen las partes

La madre no cesa de hablar, de denunciar. Ella narra los tropiezos: tres instructores penales y dos fiscales diferentes, cada uno con su propio ritmo, a veces de retroceso. Recuerda cómo su hija tuvo que revivir el dolor al repetir su declaración, un calvario emocional que dejó su huella.

El punto más álgido de su relato es la desaparición de una memoria USB, una pieza clave que contenía material audiovisual. Entregada como evidencia, se esfumó bajo custodia institucional. Aunque le prometieron una compensación, la prueba nunca ha vuelto a aparecer, ni ha recibido una explicación clara. Otros audios, dice, esperan ser peritados en La Habana porque en Santiago no hay tecnología. El silencio institucional es una respuesta que no satisface.

Qué viene ahora

El expediente se mantiene en esa fase preparatoria, como un libro abierto cuyas páginas aún no tienen un final. No hay, por ahora, una fecha marcada en el calendario para el tan esperado juicio. Mientras tanto, la adolescente sigue bajo el cuidado de psicólogos, intentando sanar las heridas que el tiempo y la espera no han logrado cerrar.

La madre no se rinde. Su voz sigue siendo un eco constante en los pasillos de la justicia. Teme que, con el paso de los días y la llegada de la mayoría de edad de su hija, el caso pueda desdibujarse. Ella solo busca una cosa: que el tribunal escuche la historia completa, sin más dilaciones, y que la balanza se incline hacia la verdad que tanto ha clamado.

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