Maisí: Días en Penumbra y Sed, el Lamento de un Pueblo sin Luz ni Agua
martes, 27 de enero de 2026
En pocas palabras
En Maisí, Guantánamo, los vecinos enfrentan más de 24 horas sin electricidad ni agua potable, una situación recurrente que ya no soportan.
Mas detalles
Qué pasó
Imaginen la escena: un pueblo entero que, de repente, se queda a ciegas al caer la noche, y sus grifos se vuelven mudos. Así, con la oscuridad de una vela y la sed en la garganta, vive Maisí, en Guantánamo. Llevan más de un día completo sin el consuelo de la electricidad ni una gota de agua. La vida, como un río seco, se ha detenido por completo.
Es una historia que se repite, una y otra vez, hasta el punto de que la paciencia de sus habitantes ya no da para más. Este corte doble, un golpe al corazón de lo básico, ha desatado un clamor que viaja por las redes, buscando una respuesta.
Dónde y cuándo
Este drama se desenvuelve en Maisí, ese rincón oriental de Guantánamo donde el sol muerde y las noches a veces se sienten eternas. Desde hace más de veinticuatro horas, el reloj parece haberse parado en la madrugada del 27 de enero de 2026. Los hogares se visten de penumbra, y el silencio de las tuberías secas es un sonido que duele.
Los rostros de los vecinos, marcados por el calor y la incertidumbre, muestran el cansancio de una batalla que libran cada mes. No es una postal turística, sino la dura realidad de un pueblo sin lo esencial.
Por qué es importante
Cuando falta la luz, el mundo moderno se apaga: la nevera deja de enfriar, el móvil no se carga y la información no llega. Pero cuando falta el agua, la vida misma se complica de una forma alarmante. La higiene se vuelve casi imposible, la comida no se puede preparar y la sed es una compañera constante.
Esto impacta de lleno en la salud, especialmente en los más pequeños y los ancianos, que son los más vulnerables. Para Maisí, esta situación no es solo una molestia pasajera; es una herida abierta, un golpe a la dignidad y al derecho más básico de vivir con un mínimo de confort.
Qué dicen las partes
Los vecinos, con la voz quebrada por la desesperación, son los protagonistas de este relato. Una mujer, con la amargura en cada palabra, cuenta que el agua, que antes aparecía cada 45 días, ahora ni siquiera se asoma. Ella lo llama “una falta de respeto con el pueblo”. Otro añade que sin agua, la vida cotidiana de las familias es un infierno. Las quejas se han elevado a las autoridades, pero hasta el momento, la respuesta ha sido el eco de su propio clamor.
Mientras tanto, algunos expertos, como voces lejanas, sugieren que el problema de fondo está en las viejas estructuras. Hablan de una infraestructura eléctrica y de agua con problemas, falta de combustible y un mantenimiento que no da abasto. El panorama es complejo, y los habitantes de Maisí, atrapados en medio, esperan una solución.
Qué viene ahora
Con cada hora que pasa, la incertidumbre crece en Maisí. Los vecinos miran al cielo, anhelando no solo la lluvia que refresque el ambiente, sino también la llegada de una solución concreta: un camión que traiga agua, o el milagro de que la electricidad vuelva a encender sus bombillas. El drama se suma a un patrón que se repite en otras comunidades de Cuba, donde la supervivencia diaria se vuelve una preocupación constante.
La urgencia es palpable, un grito silencioso que pide ser escuchado. Solo el tiempo dirá si este capítulo de penumbra y sed en Maisí encontrará un final feliz, o si la historia de la escasez continuará escribiéndose, mes tras mes, en sus hogares.
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