Marea Alta en La Habana: Calles se Ahogan en Agua y Desidia
domingo, 1 de febrero de 2026
En pocas palabras
Fuertes inundaciones costeras golpean La Habana, dejando calles llenas de agua y desechos. Residentes denuncian décadas de abandono e infraestructura deteriorada.
Mas detalles
Qué pasó
El mar, ese viejo cómplice y a veces verdugo, se desbordó de nuevo sobre La Habana. Las aguas subieron con fuerza, impetuosas, y cubrieron las calles con una mezcla de salitre y lo que la ciudad misma arrastra.
Fue un golpe de agua salada y desperdicios, una imagen que ya conocen bien los ojos que miran desde los balcones.
Dónde y cuándo
La escena se pintó un domingo, primero de febrero del 2026, cuando el malecón ya no contuvo la embestida. La Avenida de los Presidentes, la G, se convirtió en un río que casi lamía la calle Línea.
Los vecinos, desde sus ventanas y balcones, miraban el desfile lento de la marea, que arrastraba consigo años de olvido y lo que encontraba a su paso. La ciudad se veía gris, reflejando el cielo cargado de nubes y la preocupación de la gente.
Por qué es importante
Esta no es una simple anécdota de mal tiempo que pasa. Es el espejo de una ciudad que se resquebraja, donde la humedad constante y los cimientos viejos son una amenaza que no da tregua.
Cada inundación es un recordatorio amargo de la vulnerabilidad de la gente y sus hogares. Ven cómo el agua socava lo poco que tienen y pone en riesgo sus vidas, una y otra vez.
Qué dicen las partes
Los que viven el día a día son los que alzan la voz. Un vecino, desde su experiencia, advierte: “Cuando caliente el sol y se sequen los cimientos de estos edificios, volveremos a ver derrumbes, volveremos a ver muertos.”
Hablan de la falta de cuidado, de los desagües que no cumplen su labor, y de la infraestructura olvidada. La gente en la calle ve más allá de la tormenta; ve el abandono institucional que se acumula año tras año, sin solución.
Qué viene ahora
Las aguas, con la lentitud que tienen las cosas que se van sin prisa, empiezan a ceder en algunas zonas. Pero la inquietud y el miedo no se marchan con ellas. La pregunta cuelga en el aire: ¿la próxima lluvia será una historia igual?
La seguridad de los ciudadanos cubanos queda pendiendo de un hilo muy fino, a merced del cielo y de la voluntad que, según muchos, parece faltar en la gestión de la ciudad.
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