Matanzas: La Crisis de los Ascensores en Edificios de 13 Plantas

lunes, 16 de febrero de 2026

En pocas palabras

Vecinos en Matanzas, Cuba, enfrentan una severa crisis con ascensores averiados en edificios de 13 plantas, afectando gravemente a personas mayores y con movilidad reducida.

Mas detalles

Qué pasó

En la calurosa Matanzas, la vida en varios edificios de 13 plantas se ha vuelto un ascenso constante, pero sin la ayuda de los elevadores. Los vecinos, día tras día, enfrentan la cruda realidad de tener ascensores rotos, algunos inoperativos desde hace años. Es un problema que golpea fuerte en la rutina.

Esta situación es particularmente difícil para los más vulnerables: ancianos y aquellos con problemas de salud. La posibilidad de moverse libremente de un piso a otro se ha convertido en una verdadera odisea, limitando su independencia y bienestar diario.

Dónde y cuándo

Esta escena se desarrolla en Matanzas, una ciudad con brisa de mar, específicamente en esos imponentes edificios de 13 plantas. Inaugurados allá por los años ochenta y ubicados en la ruta que lleva a Varadero, son testigos silenciosos de este drama cotidiano. Desde hace meses, e incluso años, los ascensores de al menos tres de estos inmuebles han dejado de funcionar, o lo hacen de forma errática.

Allí viven personas con rostros cansados, que miran hacia arriba o hacia abajo, esperando una solución. Hay ancianos que antes ajustaban su vida a los apagones, pero ahora pasan semanas sin poder salir de casa. El desgaste se acumula, no solo en los equipos, sino en el espíritu de la gente.

Por qué es importante

Este asunto no es menor, es el pulso de la vida diaria el que se detiene o se ralentiza. Para los residentes, la falta de ascensores significa una barrera infranqueable, una jaula sin barrotes que los confina en sus propios hogares, privándolos de su libertad y de actividades esenciales.

Afecta directamente la dignidad y la autonomía de las personas, transformando algo tan simple como ir al médico o hacer la compra en una hazaña. Cierra puertas a la vida social y abre la puerta a la frustración y el desamparo, creando una sensación de abandono colectivo.

Qué dicen las partes

Los vecinos, voces alzadas desde lo alto de los edificios, han tocado la puerta de Vivienda, pero lo que reciben son “respuestas a medias”. Sienten que “nadie responde, nadie da solución”, una queja amarga que se repite en cada conversación, cargada de impaciencia y desilusión.

Por otro lado, administradores como Dasiel, de “El Polinesio”, señalan la falta de mantenimiento general y el deterioro de la infraestructura. La situación se complica con el arrendamiento del restaurante en la azotea, que ahora utiliza el ascensor del edificio sin contribuir a su reparación. Las autoridades, según denuncian los residentes, parecen envueltas en una apatía que no calma el descontento.

Qué viene ahora

El camino por delante parece largo y cuesta arriba, como las escaleras que suben y bajan sin cesar. Los residentes seguramente seguirán buscando soluciones, presionando a las autoridades para que reparen lo que está roto y lo que impide una vida digna y fluida en sus hogares.

Habrá que estar atentos a si la crisis energética y la constante escasez de piezas de repuesto, esos fantasmas que rondan a la isla, permitirán una pronta intervención. La comunidad espera que el eco de sus quejas no se pierda entre los pisos, sino que impulse acciones concretas y duraderas que devuelvan la normalidad a sus vidas.

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