Un Padre Clama por Visa Humanitaria para su Hijo con Anemia Falciforme en Cuba
miércoles, 14 de enero de 2026
En pocas palabras
Un padre residente en Miami busca una visa humanitaria para su hijo de seis años en Cuba, quien padece anemia falciforme y no encuentra tratamiento adecuado.
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Qué pasó
Desde La Habana, nos llega la historia de un pequeño corazón que late con dificultad. Un padre, con el alma en vilo, ha alzado su voz desde Miami. Pide ayuda, una ventana, un puente para su hijo Marcos, un niño cubano de seis años. Marcos sufre de anemia falciforme, una enfermedad que lo acorrala sin tregua.
La familia clama por una visa humanitaria. La razón es sencilla y desgarradora: en Cuba, no hay un tratamiento continuo ni la especialización necesaria para domar las complicaciones severas de su padecimiento.
Dónde y cuándo
La escena se desarrolla entre la urgencia de los hospitales de La Habana y la desesperación de un padre en Miami. Marcos es un niño pequeño que, desde sus primeros meses, ha conocido la aspereza de la enfermedad. Su padre ha contado al mundo cómo su hijo, con apenas catorce meses, ya había recibido más de cien transfusiones de sangre.
Marcos vive bajo la sombra de crisis graves y recurrentes, a menudo cada dos o tres semanas. Son episodios de secuestro esplénico que lo llevan al límite, exigiendo sangre con premura para no cruzar un umbral peligroso.
Por qué es importante
Este caso no es solo la súplica de una familia. Es un espejo que refleja una realidad compleja, una que se vive en muchos rincones de la isla. Es la historia de cómo la falta de recursos y tratamientos avanzados puede cercenar la esperanza de vida de los más vulnerables.
Para Marcos, y para tantos otros niños en situaciones similares, es la diferencia entre una vida de constantes batallas contra la enfermedad y la posibilidad de un futuro más estable, con la atención médica que su condición exige. Abre una conversación dolorosa sobre las limitaciones en el sistema de salud y la búsqueda de soluciones fuera de las fronteras.
Qué dicen las partes
La familia reconoce el esfuerzo, la dedicación del personal médico cubano. Sin embargo, su gratitud se mezcla con la amarga verdad: la escasez de sangre compatible, la ausencia de medicamentos vitales, la falta de insumos básicos. Todo ello convierte la lucha en una carrera casi imposible.
Marcos, a pesar de haber probado todas las opciones terapéuticas disponibles en la isla, desde la hidroxiurea hasta las exsanguinotransfusiones, no ha encontrado un alivio duradero. Sus propios médicos sugieren ahora estudios avanzados y una cirugía de bazo que, simplemente, no pueden realizarse en Cuba por falta de técnica y material.
Qué viene ahora
La mirada de la familia se dirige ahora hacia el norte. Sueñan con trasladar a Marcos a un centro pediátrico especializado en Estados Unidos. Allí, esperan, podría recibir esa atención integral y ese seguimiento continuo que su vida demanda.
El padre de Marcos ha extendido su mano, pidiendo que su historia se difunda, que su ruego resuene. Busca acelerar ese proceso de visa humanitaria, con la única intención de darle a su hijo no solo un tratamiento, sino una oportunidad, un soplo de estabilidad y una mejor calidad de vida.
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