Pantallas Prohibidas: Corea del Norte Condena por Ver 'El Juego del Calamar'

sábado, 7 de febrero de 2026

En pocas palabras

Un informe revela que Corea del Norte ejecuta a jóvenes por consumir medios extranjeros, como “El Juego del Calamar” o música K-pop, un sistema donde la corrupción decide el destino.

Mas detalles

Qué pasó

Un informe de Amnistía Internacional revela una verdad impactante: en Corea del Norte, ver contenido extranjero cuesta la vida. Jóvenes y adultos son ejecutados por series como "El Juego del Calamar" o música K-pop.

El régimen impone una represión brutal contra cualquier medio ajeno a su control, con penas severas por consumo.

Dónde y cuándo

Esta tragedia ocurre en provincias como Yanggang y Hamgyong del Norte, documentada hasta febrero de 2026. Testimonios de desertores narran ejecuciones por consumo o distribución de estos contenidos. En 2021, la prohibición del K-pop llevó a investigaciones contra adolescentes en Pyongan del Sur. El miedo es una constante que se respira en el aire.

Por qué es importante

Es vital para el control del régimen de Kim Jong-un. Mantiene a la población en una "jaula ideológica", sin espacio para la cultura foránea. La curiosidad puede ser fatal. La corrupción juega un papel cruel: los ricos compran la impunidad, los pobres enfrentan la pena máxima. La justicia se dobla al dinero.

Qué dicen las partes

Sarah Brooks de Amnistía Internacional describe un sistema "distópico", donde el entretenimiento es letal. Los desertores confirman la venta de propiedades para sobornar funcionarios y escapar del castigo. Quienes tienen conexiones familiares evaden las consecuencias, a diferencia de los sin recursos. El régimen justifica su "Ley de Cultura y Pensamiento Antirreaccionario de 2020", que tilda el contenido surcoreano de "ideología podrida".

Qué viene ahora

La ley de 2020 sigue firme. Habrá trabajos forzados por consumo y pena de muerte por distribución. El Grupo 109 continuará sus redadas y vigilancia implacable, sin orden judicial. La población seguirá bajo escrutinio constante y un miedo profundo. El camino hacia la libertad de información parece lejano, mientras el cerco ideológico persiste.

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