Santiagueros Claman por Ayuda Ante Hambre y Escasez en Cuba

lunes, 26 de enero de 2026

En pocas palabras

Residentes de Santiago de Cuba denuncian una severa crisis: hambre, salarios insuficientes y falta de bienes básicos. La vida se ha vuelto una lucha diaria.

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Qué pasó

En Santiago de Cuba, la voz del pueblo sube de tono. Los santiagueros, con la mirada puesta en un presente difícil, cuentan cómo el día a día se ha convertido en una carrera de obstáculos. Hablan de la mesa vacía, de los salarios que se esfuman como arena entre los dedos y de una escasez que muerde.

Relatan una Cuba donde los servicios básicos cojean, los alimentos son un lujo y la medicina, un milagro. Es el retrato de un país que se siente en ruinas, al menos desde la perspectiva de quienes lo habitan y sufren en carne propia.

Dónde y cuándo

La escena se desarrolla en Santiago de Cuba, bajo el sol que no perdona. Fue en los días de enero de 2026, cuando el equipo de CubaNet se acercó a las calles para escuchar. Allí, entre el trajín y la calma, aparecieron hombres y mujeres de todas las edades.

Un anciano con el peso de los 72 años, una madre que lleva la cuenta de seis bocas, y otros vecinos que, sin nombre en la crónica, cargan con el mismo dilema. Sus palabras dibujan una ciudad donde la esperanza, a veces, se esconde.

Por qué es importante

Este murmullo que sube de Santiago no es solo un lamento, es una alarma. Es importante porque nos muestra el pulso real de la vida en Cuba, más allá de los informes oficiales. Para el cubano de a pie, esta situación lo es todo: la comida en el plato, la pastilla para el dolor, el combustible para el viaje.

Estos testimonios ponen en evidencia la urgencia de cambios. Revelan cómo la vida misma se transforma en una pregunta sin respuesta cuando lo básico falta, y qué futuro se le ofrece a una nación que lucha por alimentar a sus hijos.

Qué dicen las partes

Los santiagueros, frente al micrófono de CubaNet, no dudan en hablar claro. Un hombre de 72 años dice que su sueldo de 1,650 pesos cubanos se le va en un suspiro, apenas para comer y sin cubrir sus medicinas. “La plata para el pueblo se va en hoteles”, lamenta, con la impotencia en la voz.

Una madre de seis hijos describe la “sacrificio doble, triple” para que sus pequeños no se acuesten sin comer. Habla de tres días sin pan y de la odisea de encontrar arroz o pollo. Otro vecino, con tono más crítico, sentencia: “Si el país no avanza, ¿cómo voy a avanzar?”. Cree que una minoría perjudica a la mayoría y que el gobierno debería ceder el mando si no puede con la carga.

Qué viene ahora

Con estas voces en el aire, la pregunta que queda es qué pasará. La situación, tal como la describen, no parece tener un cambio a la vuelta de la esquina. Los cubanos seguirán buscando la manera, inventando el día a día para cubrir lo esencial.

Los ojos estarán puestos en si estas denuncias logran mover algo en las esferas de poder. Si las gestiones del Estado y la economía tomarán un nuevo rumbo. Por ahora, el pulso de la ciudad sigue latiendo al ritmo de la precariedad, con un futuro que se dibuja incierto, pero que aún espera por un nuevo capítulo.

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