Silencios rotos: Cuba ve crecer las muertes violentas entre sus hijos más jóvenes

martes, 24 de febrero de 2026

En pocas palabras

Cuba enfrenta un preocupante aumento de muertes violentas en niños y adolescentes entre 2019 y 2024. Accidentes, suicidios y agresiones marcan una tendencia al alza que refleja el deterioro social.

Mas detalles

Qué pasó

Una realidad preocupante se asoma en Cuba: las muertes violentas entre niños y adolescentes han aumentado. Entre 2019 y 2024, muchas vidas jóvenes se perdieron. Este fenómeno se vincula al deterioro económico y social.

Unos 848 menores (10-19 años) fallecieron violentamente, más de un tercio de las muertes en ese grupo. Los accidentes lideran, pero suicidios y agresiones crecen con alarma.

Dónde y cuándo

Estos trágicos eventos ocurrieron en toda la isla de Cuba, desde el 2019 hasta el 2024. Afecta a niños de 5 a 14 años y adolescentes hasta los 19. Las cifras marcan una tendencia ascendente en este periodo.

Las muertes violentas en el grupo de 5 a 14 años subieron a 312 casos entre 2022-2024, frente a 298 en 2019-2021.

Por qué es importante

Cada vida perdida es una herida para el futuro de Cuba. Este aumento en la mortalidad violenta no es un dato menor; es un espejo que refleja las profundas grietas en el tejido social. Demuestra la creciente vulnerabilidad de la juventud.

Esta tendencia choca con el discurso oficial de descenso en la criminalidad. Exige una revisión urgente de las políticas de protección a la infancia y adolescencia.

Qué dicen las partes

Los datos oficiales sobre este tema son limitados y poco específicos. Sin embargo, el Observatorio Cubano de Auditoría Ciudadana (OCAC) reporta un claro incremento en delitos y homicidios.

El OCAC registró 167 homicidios en 2024, un 50% más. Los suicidios se vinculan a trastornos mentales, problemas familiares y el impacto del Servicio Militar Obligatorio. Hay una disparidad en la información.

Qué viene ahora

La transparencia es clave. Se necesitan estadísticas completas y detalladas por edad para comprender la situación. Solo con datos claros se pueden diseñar respuestas efectivas.

El camino a seguir requiere políticas públicas robustas para proteger a los jóvenes. Es vital abordar la precariedad económica y las restricciones sociales que influyen en estas tragedias.

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