Tableros de Ayer, Amistades de Hoy: Maestros Cubanos del Ajedrez en Guatemala

lunes, 12 de enero de 2026

En pocas palabras

Cuatro grandes maestros cubanos del ajedrez, ahora bajo otras banderas, se dieron cita en Guatemala. Más que la partida, fue un reencuentro de viejas amistades y recuerdos compartidos.

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Qué pasó

Imaginen una sala donde el tiempo parece jugar su propia partida. Cuatro grandes maestros del ajedrez, nacidos bajo el mismo sol cubano, se vieron las caras de nuevo. No era una competencia más, sino un abrazo silencioso sobre el tablero, una historia que se reanudaba ficha a ficha.

Lázaro Bruzón, Neuris Delgado, Yuri González y Roberto García Pantoja se reencontraron. Cada uno, con una trayectoria brillante, llegó a Guatemala. Sus manos movieron piezas, pero sus miradas contaban años de amistad y caminos que se bifurcaron.

Dónde y cuándo

La cita fue en Guatemala, bajo la luz templada de enero. Del día 7 al 11, el Tercer Torneo Internacional Club Caissa se convirtió en el escenario de este singular reencuentro. En el aire se sentía el aroma a café y el silencio tenso de cada jugada.

Junto a ellos, otros cubanos como Roberto Calderín y Roberto Carlos Sánchez, ahora compitiendo por México y Panamá. Era como una pequeña reunión familiar, donde cada jugador traía su propia bandera, pero compartía un mismo origen. Los tableros esperaban, los relojes corrían, y la nostalgia se mezclaba con la adrenalina del juego.

Por qué es importante

Este torneo fue más que sumar puntos o buscar trofeos. Fue un espejo que reflejó una realidad: el talento cubano en el ajedrez se esparce por el mundo. Es importante porque muestra cómo la pasión por un juego puede unir a personas a pesar de las distancias y las nuevas nacionalidades.

Para ellos, era la oportunidad de revivir viejas batallas y amistades, esas que nacen en campamentos juveniles y se forjan con cada torneo. Para el ajedrez latinoamericano, es una muestra de la riqueza y la diáspora de sus talentos, un hilo que une el pasado con el presente.

Qué dicen las partes

Aunque no hubo declaraciones oficiales sobre el reencuentro, sus partidas hablaron por sí solas. La concentración en sus rostros era la de siempre, pero el brillo en los ojos al final de cada ronda revelaba algo más. Era el eco de risas compartidas, de análisis de partidas bajo la luna cubana.

Los resultados finales, con Bruzón y González entre los primeros, fueron solo una anécdota. Lo importante fue el gesto, el volver a sentarse frente a frente, como en los viejos tiempos. Un testimonio silencioso de que el ajedrez es, también, un lenguaje universal de camaradería.

Qué viene ahora

Después de este torneo, los maestros seguirán sus caminos, cada uno bajo su bandera, en distintos torneos del mundo. Pero el recuerdo de estos días en Guatemala, sin duda, los acompañará. Es posible que busquen otras ocasiones para coincidir, para que la historia siga sumando capítulos.

Este reencuentro deja la puerta abierta para que otros talentos cubanos que hoy compiten fuera de la isla, puedan celebrar su herencia y amistad. El ajedrez, más allá de la competición, seguirá siendo un punto de unión, un hilo que teje historias de vida y pasión compartida.

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