Adiós en el Pasillo: Raquel Rosales, Voz Emblemática de la Radio Cubana, Fallece en Olvido
domingo, 22 de febrero de 2026
En pocas palabras
Raquel Rosales, pilar del teatro radiofónico cubano, falleció sola y en el abandono en La Habana, un desenlace que sacude a la comunidad artística.
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Qué pasó
La noticia, como un eco triste que recorre los patios, llegó a La Habana. Raquel Rosales, una mujer que dio vida a innumerables historias en el aire cubano, apagó su propia historia en la soledad. Falleció en el pasillo de su edificio, en un abandono tan profundo que sus amigos y colegas hoy lloran con asombro.
El actor y director Tony Arroyo relata la pena, el saber que esta figura de la radio, una maestra para muchos, terminó su camino desahuciada y, al parecer, víctima del hambre.
Dónde y cuándo
La escena se sitúa en un edificio de La Habana, Cuba. Era domingo, 22 de febrero de 2026, cuando el sol apenas despuntaba y una vecina la encontró. Raquel, con sus setenta y tantos años, se había ido durante la madrugada.
Había dedicado su vida a Radio Progreso, forjando un legado tras los micrófonos. Pero en sus últimos días, la vida le fue esquiva, desdibujada por una demencia senil precoz y la indiferencia de los suyos.
Por qué es importante
Este desenlace no es solo la historia de una mujer, sino un espejo para el mundo de la cultura en Cuba. Importa porque Raquel Rosales fue un nombre grande en el teatro radiofónico, una directora que moldeó voces y emociones para miles de oyentes.
Su muerte en tales circunstancias es un grito silencioso que exige mirar la fragilidad de quienes, tras bambalinas o en el éter, dedicaron su existencia al arte. Abre la pregunta sobre la solidaridad y el destino de los artistas cuando las luces se apagan y el telón cae para siempre.
Qué dicen las partes
Tony Arroyo, con la voz cargada de dolor, confiesa la desazón. Él mismo fue dirigido por Raquel en proyectos memorables y la recuerda como una madre y abuela afectuosa, cultísima.
Asegura que la demencia se aceleró por el abandono de sus dos hijos, su hermana y su sobrina. Relata cómo vecinos intentaron socorrerla, e incluso una amiga gestionó ayuda que nunca llegó, viendo a Raquel buscar comida en la basura. La indignación vecinal se encendió cuando, tras su muerte, uno de los hijos apareció de inmediato a llevarse pertenencias de la casa.
Qué viene ahora
La partida de Raquel Rosales, aunque dolorosa, no será en vano. Su historia, contada de balcón en balcón, como se hace en los barrios, servirá de lamento y de advertencia.
Quizás esta triste crónica despierte una nueva mirada hacia los artistas retirados, un llamado a la conciencia que fortalezca redes de apoyo para que ninguna otra voz, por emblemática que haya sido, termine en el eco amargo del olvido y la soledad. Su legado en Radio Progreso, sin duda, perdurará, pero su final nos obliga a no cerrar los ojos ante la realidad.
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