Aduana Cubana: El Aeropuerto de Holguín y las Nuevas Reglas para Viajeros
miércoles, 4 de febrero de 2026
En pocas palabras
El Aeropuerto de Holguín aclara las regulaciones aduaneras de Cuba. Viajeros deben conocer las nuevas normas para evitar problemas con la Aduana General de la República.
Mas detalles
Qué pasó
En el aire de Holguín, donde el Caribe saluda a los que llegan, el Aeropuerto Internacional ha soltado un aviso. Es un eco que se expande entre los pasillos y las pistas: la Aduana, esa sombra atenta en cada entrada y salida, ha recordado sus reglas. Un llamado a los viajeros, a esos que van y vienen con historias y maletas, para que no se encuentren con sorpresas al cruzar la línea invisible de la ley.
La información, entregada con la seriedad que amerita, busca iluminar el camino de las nuevas disposiciones. No es un secreto, sino un recordatorio de lo que está escrito, de lo que ahora pesa más en cada equipaje.
Dónde y cuándo
La escena se desarrolla en el Aeropuerto de Holguín, bajo el sol que besa la tierra cubana. En estos días recientes, los encargados han usado su canal oficial de Telegram para tejer esta red de datos. Allí, entre mensajes que viajan a la velocidad del rayo, han puesto al alcance de todos los contactos oficiales. Un teléfono para las preguntas que bailan en la cabeza (24 48 18 01), y correos electrónicos para las dudas que no pueden esperar ([email protected], [email protected]).
Es el punto de encuentro entre la burocracia y el viajero, donde los detalles se vuelven importantes bajo el ala de un avión que llega o se va.
Por qué es importante
Este aviso no es un murmullo al azar. Es un trueno que resuena con la llegada del Decreto-Ley 108/2026, bautizado como la 'modernización' de la aduana. Pero, para quienes observan desde la barrera, este decreto es más bien un apretón, una cuerda que se tensa.
Refuerza el control del Estado, dice la calle. Concede a los agentes de aduanas un poder grande, casi un lienzo en blanco para interpretar lo que es 'orden interior' o 'seguridad socialista'. Para el viajero, esto significa una incertidumbre que viaja en el aire, donde lo que pasa en un aeropuerto puede ser distinto a lo que ocurre en otro. Un laberinto de criterios en un país donde cada artículo cuenta, donde muchos hogares esperan lo que traen las maletas para el día a día.
Qué dicen las partes
Desde el balcón del aeropuerto de Holguín, la voz oficial susurra que el camino es la web de la Aduana General de la República. Allí, dicen, está el mapa completo: lo que se permite, lo que se mira con lupa, lo que queda fuera. Es la fuente oficial, el evangelio de las normas.
Pero los que saben, los analistas que leen entre líneas, elevan otra voz. Advierten que este nuevo tejido legal no libera, sino que amarra. Señalan que el sistema de quejas es un círculo vicioso, donde uno reclama a quien lo sancionó, y que las decisiones pueden ser finales antes de que el sol de la justicia termine de salir. Es un cruce de miradas entre lo que se dice y lo que se siente en la piel del que llega.
Qué viene ahora
La pista de lo que viene se ve un tanto borrosa. Los viajeros, con sus pasaportes y sus esperanzas, deberán aprender a navegar estas aguas con más cautela. Cada escala en Cuba, cada llegada, será un acto de equilibrio entre lo permitido y lo interpretado. Las normas, flexibles en su aplicación, prometen ser un punto de atención constante.
Será cuestión de ver cómo se asienta la nueva ley, cómo se respira en los pasillos de cada aeropuerto. El control aduanal, ya no solo una formalidad, se convierte en un pulso vital para muchas familias, un punto de presión económica y social que seguirá marcando el ritmo de la entrada y salida de todo lo que la isla necesita y busca.
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