Cuba a Oscuras: El Déficit Eléctrico Supera los 1 600 MW y Amenaza con Más Apagones
domingo, 22 de febrero de 2026
En pocas palabras
Cuba amanece bajo la sombra de un severo déficit eléctrico, superando los 1600 MW, lo que augura una jornada de apagones extendidos en todo el país.
Mas detalles
Qué pasó
Cuba se despertó en la quietud de la oscuridad. La Unión Eléctrica (UNE) anunció, con un eco frío, que el déficit superaba los 1600 megavatios.
Esto significa que el hilo de luz, ya tenue, se cortaría una y otra vez, especialmente cuando el sol se ocultara y la demanda se disparara. Una jornada de sombras se asomaba.
Dónde y cuándo
La escena se pintó a lo largo y ancho de la isla, este domingo, 22 de febrero de 2026. Desde las primeras horas del alba, las casas y calles se quedaron mudas, esperando la chispa que no llegaba.
La UNE, desde su torre de control, confirmaba el desequilibrio, una balanza que no encontraba su punto en la red nacional.
Por qué es importante
Esta falta de luz no es solo un interruptor que no funciona; es el latido diario que se altera. Es la nevera que se preocupa, el agua que se resiste a subir, la conversación que se interrumpe al quedarse el teléfono sin aliento.
Para las familias, se convierte en una rutina de ajustes y esperas. Para el pequeño comercio, es la puerta que se cierra temprano, el producto que no puede ofrecerse. Es el pulso mismo del país, que se siente más débil bajo el peso de la incertidumbre.
Qué dicen las partes
La voz oficial, la UNE, apunta al corazón del problema: la generación. Hablan de centrales termoeléctricas que, con sus años encima, se niegan a arrancar o se detienen a mitad de camino.
Mencionan la escasez del combustible que debería alimentar los motores y el constante crecimiento de la demanda. Es una historia vieja, explican, una falla estructural que se ha tejido con los años, sin encontrar un desenlace claro.
Qué viene ahora
El horizonte no promete un amanecer eléctrico cercano. Se esperan más días donde las noches se alarguen, y el silencio reine en las casas y plazas.
Mientras las grandes máquinas no ronroneen con fuerza constante y el combustible no fluya con regularidad, la gente seguirá mirando el reloj, esperando el regreso de esa luz que, por ahora, parece un sueño distante.
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