Cuba: De Icono Turístico a Destino en Crisis Profunda
lunes, 12 de enero de 2026
En pocas palabras
Cuba, que fue un faro turístico, ahora enfrenta un colapso. Escasez, hoteles vacíos y aislamiento marcan una crisis profunda, incluso con la mirada de Donald Trump.
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Qué pasó
La isla de Cuba, un día la joya del Caribe, se tambalea. Lo que antes brillaba con el glamour de sus playas y su gente, hoy muestra el rostro de un colapso profundo. El turismo, su motor principal, ha frenado en seco, dejando un rastro de escasez y aislamiento que se siente en cada esquina.
El expresidente Donald Trump, desde la distancia, ha puesto el ojo en la situación. Asegura que Cuba está en “mal estado” y que, sin el chorro de petróleo venezolano, se encontraría “a punto de caer”. Un pronóstico que dibuja un futuro incierto para la isla.
Dónde y cuándo
La escena se despliega en Cuba, por supuesto, pero con especial intensidad en sus viejos hoteles, esos que un día fueron nidos de sueños. El año 2025 ha sido testigo de esta cuesta abajo, con La Habana y sus arterias sintiendo el pulso lento de la crisis. Desde el Hotel Nacional, que cumplió 95 años, hasta las calles que susurran historias, todo se ve envuelto en un aire distinto.
Los protagonistas son muchos: los turistas que ya no llegan, la gente local que aguanta el día a día, y los rincones que, aún con su belleza intrínseca, lucen marcados por el desuso.
Por qué es importante
Esta no es una historia más. Es la crónica de un cambio de estación para una nación. Cuba, que por décadas fue un imán para el mundo, hoy ve cómo su economía se desinfla, arrastrando consigo la esperanza de muchos. El turismo no es solo un número; es la savia que alimenta hoteles, restaurantes, y hogares.
Cuando ese motor falla, las consecuencias son un eco largo. Para el cubano de a pie, significa menos alimentos, menos servicios, menos futuro. Para el mundo, es el recuerdo de un gigante que se encoge, observado de cerca por figuras políticas globales.
Qué dicen las partes
Desde el lente de laSexta, se pinta un cuadro desolador. Omar Leardi, el analista, pone los números sobre la mesa: el turismo ha caído con una fuerza que asusta. Los casi cinco millones de visitas anuales de antaño son ahora una cifra que apenas roza los dos millones.
El mismo Donald Trump lanza su sentencia, viendo en Cuba un país “a punto de caer”. Y los turistas rusos, que suelen ser un soplo de aire fresco, se vieron obligados a cortar sus vacaciones, calificando la experiencia de “insoportable”. Incluso los médicos, héroes silenciosos, están “al límite”.
Qué viene ahora
El horizonte cubano, visto desde este balcón, no se despeja pronto. Los pasos que vienen parecen llevar hacia un aislamiento más profundo, una brecha que crece entre el presente y aquel pasado glorioso. Los hoteles seguirán esperando, quizá con sus luces a medio gas.
Se avizora que la escasez de lo básico persistirá, y la batalla contra los virus en las calles continuará. El telón de lo que fue Cuba como destino idílico parece cerrarse, dando paso a una nueva, y dura, realidad.
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