Cuba ve un respiro fugaz en sus apagones, pero la crisis energética persiste

domingo, 8 de febrero de 2026

En pocas palabras

La Unión Eléctrica de Cuba anunció una leve baja en los apagones, ofreciendo un breve respiro en medio de una profunda y prolongada crisis energética que afecta a la isla.

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Qué pasó

Imaginen que el telón de la noche se corre, y por un instante, la luz parpadea un poco más, menos ausente. Eso es lo que nos cuenta la Unión Eléctrica (UNE) de Cuba: una pequeña tregua, un respiro chiquito en medio de la oscuridad que acompaña la vida diaria.

Los apagones, que se habían vuelto una visita eterna, se atenuaron apenas, prometiendo horas un poco más claras. Es un alivio efímero, como una canción bonita que acaba rápido.

Dónde y cuándo

Todo esto sucede en la isla de Cuba, este fin de semana del 8 de febrero de 2026. La noticia llega tras días donde la luz se hacía esperar hasta quince horas, una eternidad que estira los nervios.

El sábado, la falta de corriente duró casi diecinueve horas, y cuando volvió, fue un espejismo: el domingo, bien temprano, ya se iba de nuevo. Los medidores marcaban déficits de cientos de megavatios, como si la demanda fuera un monstruo hambriento que la oferta no puede saciar.

Por qué es importante

Esto no es un juego de números, es la vida misma de la gente. Para los cubanos, cada kilovatio es una ventana de esperanza. Esta pequeña fluctuación, este «apagón algo menor», no cambia la partitura de fondo.

Es el síntoma de una enfermedad crónica, un espejo que refleja años de tropiezos, de inversiones que no llegan, de planes que no cuajan. La crisis energética es un ancla pesada para la cotidianidad, para el trabajo y el descanso de todos.

Qué dicen las partes

Desde los pupitres de la UNE se habla de unidades termoeléctricas que duermen por averías en Mariel, Santa Cruz, Felton y Antonio Maceo. Otros bloques, en Nuevitas y Cienfuegos, están en “mantenimiento prolongado”, una forma elegante de decir que no están.

Para las horas pico de la noche, se anuncian pequeños refuerzos, como notas sueltas en una orquesta que desafina: unos cuantos megavatios que, aunque bienvenidos, no hacen mella en el gran abismo de la demanda.

Qué viene ahora

Así, el cuento sigue. Aunque la UNE cante una melodía más suave por un día, el telón de fondo de la crisis sigue en pie. Las soluciones no son parches, son cimientos que deben renovarse.

El pueblo, mientras tanto, sigue mirando el reloj, esperando que la próxima hora sea con luz, que la promesa de un día menos oscuro se concrete en algo más que un suspiro. La incertidumbre energética es una sombra larga que aún no se disipa.

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