El Miedo Anda en Moto por Santiago: Motoristas Bajo la Lupa Policial

miércoles, 18 de febrero de 2026

En pocas palabras

Motoristas en Santiago de Cuba enfrentan operativos policiales que revisan la procedencia del combustible, generando temor y afectando su sustento diario.

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Qué pasó

En Santiago de Cuba, el rumor corre por las esquinas y los motores se apagan antes. No es el sol que baja, ni la falta de gasolina. Es el miedo, un miedo con uniforme, que detiene a los motoristas.

La policía ha intensificado los operativos, y las patrullas revisan cada moto, cada tanque, buscando papeles que acrediten la “legalidad” del combustible.

Si no hay comprobante, la moto se va, aunque sea por un rato. Y para muchos, perder la moto es como perder el aire, el trabajo, el pan de cada día.

Dónde y cuándo

Esta escena no es de teatro, es de la calle. Ocurre ahora, en febrero de 2026, por varios barrios de Santiago de Cuba. Las avenidas y callejones son testigos silenciosos.

Los protagonistas son los motoristas, muchos de ellos jóvenes repartidores o padres de familia. La ciudad, que antes zumbaba con el ir y venir de las motos, ahora respira un silencio tenso.

Las patrullas se cruzan, las miradas se esquivan. Es una danza de cautela bajo el sol de la tarde.

Por qué es importante

Esta historia importa porque toca el estómago de la gente. En Cuba, con la gasolina escasa y el transporte público que apenas respira, la moto es mucho más que un vehículo.

Es la herramienta que paga el arriendo, que trae la comida a la mesa. Es un salvavidas en medio de la tormenta económica.

La presión policial sobre estos motores no solo detiene ruedas, detiene vidas, cierra caminos y ahoga la esperanza de muchos hogares.

Qué dicen las partes

Los motoristas, con voz baja y temblorosa, cuentan su verdad. Hablan de rutas cambiadas, de calles evitadas, de motos que se quedan guardadas por miedo.

“Sin la moto no trabajo, y sin trabajo no hay comida”, murmura un joven, con la frustración en los ojos, prefiriendo no dar su nombre. No hay una voz oficial que aclare el porqué de tanto rigor, ni las reglas del juego.

Solo el silencio de las autoridades, que deja a todos en la zozobra.

Qué viene ahora

El horizonte se dibuja incierto, como un camino de tierra después de la lluvia. Los motoristas seguirán con el ojo puesto en el espejo retrovisor, viendo si la patrulla se acerca.

Se esperan más operativos, más revisiones. La pregunta en el aire es si habrá alguna voz oficial que ponga luz sobre esta oscuridad, o si la gente seguirá andando al filo de la navaja.

Lo que sí está claro es que en Santiago, hoy, el ruido de un motor ya no es solo un sonido, es también una medida de riesgo.

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