Habana Vieja se Cae a Pedazos: El Grito de una Familia en Peligro
jueves, 22 de enero de 2026
En pocas palabras
En La Habana Vieja, una familia vive bajo la amenaza constante del derrumbe de su hogar. Denuncian inacción estatal y un 'corralito financiero' que les impide escapar del peligro.
Mas detalles
Qué pasó
El sol de La Habana ilumina un edificio al límite de su resistencia. En Teniente Rey #355, una familia, con tres niños pequeños, respira el miedo constante al derrumbe. Su casa, testigo de más de una década de vida, se desmorona a cada día. La fachada, esa cara que miraba a la calle, ya cedió, dejando expuesto el alma del edificio y sembrando el pánico entre sus habitantes.
Dónde y cuándo
Este drama no sucede en un rincón olvidado; ocurre en el vibrante corazón de La Habana Vieja, entre las calles Villegas y Aguacate, por donde el pulso de la ciudad no cesa. La denuncia se hizo pública en enero de 2026, pero el peligro es antiguo. Hubo un colapso previo, cuando un baño del piso superior se desplomó. El padre, un marinero, pagó reparaciones mínimas de su bolsillo, ante el silencio y la inacción oficial.
Por qué es importante
Esta historia es el eco de una crisis habitacional profunda en Cuba, una que refleja la inacción estatal frente a un peligro inminente y cotidiano. Además, expone la cruda realidad de un 'corralito financiero': un dinero ganado con sudor y esfuerzo, pero inaccesible en el banco estatal. Esta situación atrapa a la familia en la ruina, impidiéndoles buscar un hogar seguro y digno.
Qué dicen las partes
La familia, a través del perfil 'Nio Reportando un Crimen', clama por el abandono. Bomberos llegaron un día, escombros se limpiaron, pero la estructura sigue peligrando con cada brisa. Las promesas de asegurar el edificio o demoler lo inestable se evaporaron en el aire. El marinero, con su salario en dólares retenido sin justificación clara, ve cómo su esfuerzo se vuelve inútil para salvar a los suyos.
Qué viene ahora
Así, la vida en Teniente Rey #355 sigue un curso incierto. La familia se ha refugiado temporalmente en la antigua carpintería del bajo, pero el temor persiste en cada grieta. Peatones pasan por la acera, ajenos al riesgo constante de nuevos desprendimientos. La historia queda abierta, como las paredes. ¿Quién escuchará el grito silencioso de estas ruinas y de una familia que espera un mañana seguro, lejos del peligro?
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