La Habana Sufre Sed: Tony Arroyo Clama por Agua en Mantilla

miércoles, 4 de febrero de 2026

En pocas palabras

El actor Tony Arroyo denuncia la desesperante escasez de agua en Mantilla, La Habana, afectando a miles de residentes y revelando un "caos hidrológico" persistente.

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Qué pasó

Desde el balcón de la vida habanera, el actor Tony Arroyo nos lanza un grito, no de escena, sino de realidad. Su barrio, Mantilla, lleva una eternidad sin una gota de agua. La desesperación se siente en cada esquina, en cada casa que lucha por la más básica de las necesidades.

Esta sequía, que no es del cielo sino de las tuberías, deja a miles de personas en una incertidumbre que se pega como la humedad.

Dónde y cuándo

La escena se desarrolla en el corazón de Mantilla, un rincón de La Habana. Allí, bajo el sol que seca el asfalto y la garganta, la crisis del agua es una vieja conocida. Hace “no sé cuánto tiempo” que no hay servicio normal, y un apagón reciente impidió llenar los tanques el día que, por milagro, llegó algo de presión.

Incluso, un camión cisterna consiguió llegar, pero la situación sigue en vilo. Más de treinta mil almas viven esta “cagástrofe” cotidiana, con el fantasma de un motor averiado y un “alambre roto” como única explicación. Es un drama que se vive ahora, cada día que el agua no llega.

Por qué es importante

Esta historia no es solo de Tony Arroyo o de Mantilla. Es un espejo de la vida en La Habana, donde el acceso al agua potable se vuelve una odisea. Para treinta mil personas, esto significa higiene comprometida, sed en la boca y una lucha constante por algo tan elemental como lavarse las manos o preparar la comida.

Es importante porque toca la fibra más sensible de la existencia: el derecho a la dignidad, a la salud y a la tranquilidad. Cada día sin agua es un día de desgaste para toda una comunidad.

Qué dicen las partes

Tony Arroyo, lejos de su personaje, levanta la voz. Con su humor característico, pero con la seriedad del afectado, describe la situación. Habla de la imposibilidad de comprar agua “por la izquierda” y de la falta de soluciones claras. Su denuncia resuena como la voz de un pueblo agotado.

Los vecinos, los que escuchan, comparten el mismo hartazgo. Reclaman un derecho fundamental, mientras las explicaciones oficiales, si es que las hay, son tan precarias como “un motor roto y un alambre”. La frase “alguien sugirió ir a cagarse en la madre de Aguas de La Habana” es un reflejo del hastío popular, aunque Tony insiste en buscar una solución pacífica.

Qué viene ahora

El horizonte para Mantilla sigue nublado, pero no de lluvia, sino de incertidumbre. Tony Arroyo, con su sonrisa inquebrantable, sigue buscando a “algún decisor” que pueda encauzar este “caos hidrológico”. La comunidad, mientras tanto, se aferra a la esperanza o a la resignación, esperando que el próximo giro del destino les traiga el preciado líquido.

La historia del agua en La Habana, y en Mantilla en particular, sigue escribiéndose día a día, con la promesa de una solución que aún no llega a tocar las puertas.

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