Médicos Cubanos en Morón Enfrentan Hambre, Exponiendo Crisis en la Salud

martes, 27 de enero de 2026

En pocas palabras

Médicos en el Hospital de Morón, Cuba, reciben comidas insuficientes, un problema que refleja una crisis extendida en el sistema de salud cubano.

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Qué pasó

Una imagen, fugaz y dura, mostró el almuerzo de los médicos en el hospital de Morón. No era un plato digno, sino una ración mínima, casi un simulacro de comida. Esta escena, lejos de ser un incidente aislado, es el eco de una realidad que se repite en muchos centros de salud a lo largo de la isla. Las comidas son pobres en proteínas y carecen de variedad. Apenas alcanzan para engañar el hambre de quienes trabajan turnos extenuantes.

Mientras se exige la máxima responsabilidad a estos profesionales, su sustento básico es ignorado. Los estómagos vacíos, el agotamiento y el estrés continuo socavan no solo su salud, sino la calidad misma de la atención médica que ofrecen.

Dónde y cuándo

La situación se documentó en el Hospital de Morón, en Ciego de Ávila, durante el martes 27 de enero de 2026. Pero la historia no es exclusiva de ese sitio. Se extiende como una sombra por otras provincias. Allí, el almuerzo puede ser un simple arroz sin acompañamiento, y las guardias se sostienen apenas con pan y café. Los médicos dependen a menudo de la ayuda de sus familiares para no trabajar en ayunas. Es una estampa de precariedad que se pinta día a día en los pasillos de los hospitales cubanos.

Por qué es importante

Esta carencia es una herida abierta en la narrativa oficial, que proclama a Cuba como una “potencia médica”. ¿Cómo sostener tal afirmación cuando los pilares del sistema, sus trabajadores, operan en estas condiciones? La situación no solo afecta la dignidad de los médicos, sino que compromete la salud de todo un país. Demuestra una profunda contradicción entre el discurso y la realidad. La excelencia médica de la que tanto se habla parece desvanecerse ante la falta de lo más básico.

Qué dicen las partes

El gobierno mantiene una narrativa de logros pasados y misiones internacionalistas, mientras exhibe estadísticas que poco dicen sobre la vida dentro de los hospitales. Por otro lado, las voces de la realidad resuenan en las redes sociales. Familiares, pacientes y el propio personal de salud comparten imágenes y testimonios. Estas publicaciones desmienten la versión oficial, sumando pruebas de un sistema que sobrevive más por el compromiso individual de sus profesionales que por el apoyo real del Estado. Es una verdad que duele.

Qué viene ahora

La pregunta flota en el aire: ¿qué futuro le espera a una “potencia médica” que descuida a quienes salvan vidas? Sin condiciones dignas, ningún sistema, por muy robusto que parezca, puede resistir a largo plazo. Las imágenes de estos almuerzos no son solo una denuncia material; son un espejo de prioridades equivocadas. Mientras se invierte en propaganda, lo esencial se desmorona. Con estómagos vacíos, la salud de un país entero pende de un hilo frágil. Lo que está en juego es la confianza y la sostenibilidad de un sistema vital.

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