Vidas entre aguas negras: El abandono que ahoga a familias cubanas

martes, 20 de enero de 2026

En pocas palabras

Familias en Cuba viven rodeadas de aguas albañales, soportando olores y enfermedades. Un problema de décadas sin solución oficial, según Cubanet.

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Qué pasó

La vida se ha vuelto un charco. Algunas familias cubanas, cansadas y resignadas, ven sus casas rodeadas por aguas albañales. Es un paisaje gris que lleva años sin cambio. No es un día, ni un mes, es una historia vieja que se cuenta con el mal olor.

El drenaje falló hace mucho, y el problema creció como una sombra. Las filtraciones dañaron pisos, paredes y la base misma de los hogares. Algunos vecinos ya no pudieron más, empacaron lo poco que tenían y se fueron, dejando atrás sus recuerdos y lo que construyeron.

Dónde y cuándo

La escena se repite en varias comunidades de Cuba. Un mal día de enero de 2026, la noticia llega, pero el drama lleva años. Desde que la abuela era joven, según cuenta Yarien Lázaro Cabrera, ya el agua sucia buscaba su camino por las calles.

Los protagonistas son gente sencilla, niños que crecen entre mosquitos y ancianos que respiran un aire pesado. Las casas, antes refugio, ahora son islas en un mar de podredumbre.

Por qué es importante

Esto no es solo una molestia, es un grito de auxilio. Importa para los que viven ahí, para su salud, para la dignidad de una vida. Cambia la forma en que sueñan, en que juegan los niños, en que los mayores ven pasar sus últimos días.

Esta situación revela una herida abierta en la salud pública. Demuestra cómo el colapso de los sistemas de alcantarillado y la falta de mantenimiento urbano pueden transformar la vida de las personas en una constante emergencia. Se cierra la puerta a una vida sana y segura, y se abre la ventana a la desesperación.

Qué dicen las partes

Cubanet denunció la realidad. Las autoridades, según los testimonios, han declarado las áreas “inhabitables”. Pero esa etiqueta, ese papel, no trajo ni tubos nuevos ni casas diferentes. La solución no llegó, solo la promesa, el eco de una voz que no se escucha.

Los vecinos, por su parte, alzan la voz con frustración. Han tocado puertas, han contado sus penas, pero la respuesta nunca llegó con la fuerza de una pala o el plan de una reubicación definitiva. Sienten el abandono, la indiferencia institucional, mientras la lluvia viene y el problema crece.

Qué viene ahora

El camino sigue incierto, como un río que no encuentra su cauce. Las familias seguirán allí, entre el miedo a enfermar y la esperanza de un mañana limpio. Mirarán el cielo cada vez que anuncie lluvia, sabiendo que el agua de arriba se juntará con la de abajo.

La atención está puesta en si el reclamo, que ya es viejo, por fin encontrará un oído atento. Si algún día se verán obras de saneamiento o alternativas reales. Mientras tanto, solo queda resistir, respirar hondo y esperar que la historia cambie su rumbo.

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