Arrestos ICE: Menos del 14% de Detenidos Bajo Trump Con Violencia
martes, 10 de febrero de 2026
En pocas palabras
Un informe del DHS muestra que menos del 14% de los 393,000 inmigrantes arrestados por ICE durante el primer año de la administración Trump tenían antecedentes violentos.
Mas detalles
¿Qué pasó?
Desde las oficinas más discretas del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) ha surgido un papel que cuenta otra historia. Un informe interno, que CBS News ha puesto bajo el foco, revela números que dibujan un panorama inesperado sobre los arrestos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).
La noticia, un susurro que ahora se hace voz, detalla las acciones de ICE durante el primer año del regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. Nos habla de una ola de detenciones que alcanzó a casi 400,000 inmigrantes. Pero lo sorprendente es esto: menos del 14% de todos ellos, una fracción pequeña, cargaban con un historial de delitos violentos. Es una cifra que invita a la reflexión, pues no siempre se alinea con la imagen que se ha proyectado.
Este hallazgo es crucial porque cuestiona la narrativa oficial que ha insistido en que la ofensiva migratoria se enfoca principalmente en "los peores de los peores", aquellos con antecedentes que representan un peligro claro. El documento interno parece sugerir que el alcance de las operaciones de ICE es mucho más amplio de lo que se había presentado públicamente.
¿Dónde y cuándo?
La escena se desarrolla a lo largo y ancho de Estados Unidos, bajo la atenta mirada de ICE. Los datos son frescos, recogidos minuciosamente, abarcando un período específico: desde el 21 de enero de 2025 hasta el 31 de enero de 2026. Es decir, un año completo de operaciones, detenciones y movimientos en las comunidades, en las fronteras y en el corazón mismo del país.
El informe nos sumerge en los números fríos, pero que hablan de realidades humanas. Nos dice que fueron aproximadamente 393,000 los rostros que vieron a los agentes de inmigración. Una cifra considerable que dibuja la magnitud de la ofensiva. Dentro de ese total, las categorías se desglosan con precisión.
Unos 229,000 de estos individuos fueron señalados como “extranjeros delincuentes”, personas con cargos o condenas penales previas. Pero otros 153,000 fueron detenciones administrativas, a menudo de personas sin historial criminal más allá de las infracciones migratorias civiles. Y, finalmente, unos 11,000 arrestos fueron por nuevas acusaciones penales, quizás por incidentes menores o por estorbar alguna operación federal.
¿Por qué es importante?
Este informe es una luz que ilumina la conversación sobre inmigración, y su importancia resuena en varios frentes. Es crucial porque dibuja una realidad que no siempre se alinea con el discurso oficial que ha dominado el debate público.
Si la administración insiste en que su política se centra en ir tras "los peores de los peores", estos números sugieren que las redes de ICE se extienden mucho más allá de ese grupo específico. La mayoría de los arrestados con antecedentes no estaban vinculados a delitos violentos, y menos del 2% tenía cargos por homicidio o agresión sexual.
Pero quizás lo más revelador es que casi el 40% de las personas detenidas por ICE no tenía historial criminal en absoluto. Eran individuos que solo enfrentaban infracciones civiles de inmigración, como el simple hecho de permanecer en el país sin un estatus legal. Esto cambia la forma en que entendemos la política de detenciones, a quiénes afecta realmente y qué implicaciones tiene para la comunidad.
Además, el documento señala un incremento drástico en la actividad de ICE. Se realizaron más del triple de arrestos administrativos en este periodo comparado con el año fiscal 2024, bajo la administración Biden. Esto indica un cambio significativo en el enfoque y la intensidad de la aplicación de la ley migratoria.
¿Qué dicen las partes?
Desde la Casa Blanca, la línea sigue siendo firme y constante: la prioridad en las detenciones migratorias es atrapar a "los peores de los peores". Es el mensaje que se repite una y otra vez para justificar la mano dura y la intensa actividad de ICE.
Sin embargo, los datos del informe interno matizan esa declaración. Aunque existen "extranjeros delincuentes" entre los arrestados, la mayoría de sus delitos no son clasificados como violentos. Menos del 2% estaban acusados de crímenes graves como homicidio o agresión sexual, y otro 2% por pertenencia a pandillas.
La portavoz del DHS, Tricia McLaughlin, ha salido al paso para defender las clasificaciones oficiales. Ella señala que delitos como el tráfico de drogas, el fraude, conducir bajo los efectos (DUI) o la explotación infantil, aunque no siempre se consideren "violentos" en estas estadísticas específicas, son faltas graves que merecen la atención de las autoridades.
Mientras tanto, la calle, el pulso ciudadano, parece sentir otra cosa. Una encuesta reciente de CBS News muestra una caída en el apoyo público a las deportaciones, del 59% al inicio del mandato de Trump al 46%. Más revelador aún, más del 60% de los encuestados cree que los agentes están actuando con excesiva dureza. Los números y el sentir popular, a veces, no coinciden del todo con las palabras oficiales.
¿Qué viene ahora?
Con estas cifras sobre la mesa, el debate público sobre la política migratoria y las acciones de ICE no hará más que intensificarse. Es como una marejada que se anuncia en el horizonte, prometiendo nuevas discusiones y análisis. La administración Trump tendrá que navegar entre la narrativa que ha sostenido y los fríos datos que ahora se conocen con más detalle.
Se espera más escrutinio público, tanto de medios de comunicación como de organizaciones de derechos humanos, que buscarán profundizar en las implicaciones de estos hallazgos. También es probable que surjan nuevas discusiones sobre el alcance real de las operaciones migratorias y si estas realmente están logrando los objetivos declarados.
En el panorama político, los adversarios de la administración seguramente usarán estos datos para cuestionar la efectividad y la ética de las políticas actuales. Podríamos ver propuestas para reformar o revisar los criterios de detención y deportación. La historia no termina aquí; apenas empieza un nuevo capítulo donde la transparencia y la realidad chocarán, y habrá que ver qué camino toma la justicia y la política en los días que vienen para los Estados Unidos y para los miles de inmigrantes que allí residen.
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