Cuba en la penumbra: Récord de apagones oscurece el día y la noche en la isla
martes, 17 de febrero de 2026
En pocas palabras
Cuba vive un récord de apagones el 16 de febrero de 2026, con casi 1,800 MW afectados. La crisis energética se agudiza y las noches son más oscuras.
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Qué pasó
Una noche, el lunes 16 de febrero de 2026, la luz se fue, y con ella, un nuevo récord se escribió en los anaqueles de la escasez. Cuba sintió, una vez más, el abrazo frío de la oscuridad.
El Sistema Eléctrico Nacional, esa maquinaria que apenas respira, no pudo con la demanda. Casi mil ochocientos megawatts se ausentaron. Fue a las siete y diez de la tarde, justo cuando el día se despide y la noche enciende sus faroles invisibles. La Unión Eléctrica lo confirmó, con números que no engañan ni a la luna.
Dónde y cuándo
La escena se repitió en cada rincón de la isla, desde las calles vibrantes de La Habana hasta los pueblos lejanos donde el silencio se hace más profundo. Era el lunes 16 de febrero, y el martes 17 amaneció con el mismo vaho de incertidumbre eléctrica.
Los cables permanecieron mudos, las casas como sombras quietas. A las seis de la mañana del martes, la disponibilidad era un lamento: mil doscientos cincuenta megawatts contra una necesidad que duplicaba esa cifra. Un déficit que prometía una larga jornada sin brillo.
Por qué es importante
Esta danza de la penumbra no es un mero dato en la pizarra. Es la rutina diaria de millones de cubanos, el pulso que se detiene en cocinas, en hospitales, en escuelas. Es la vida misma que se ralentiza, la economía que cojea bajo el peso de la falta de energía.
Significa comidas a la luz de las velas, trabajos detenidos, y el calor que asfixia en el trópico sin la brisa de un ventilador. Cada apagón es un telón que cae sobre el desarrollo, una promesa que se desvanece en la oscuridad de la noche.
Qué dicen las partes
Desde la Unión Eléctrica, la voz oficial susurra los detalles técnicos: la unidad cinco de Mariel está cansada, la dos de Santa Cruz no responde, y Felton, en su unidad dos, también falla. Las unidades cinco y seis de Antonio Maceo se niegan a cooperar.
Mientras tanto, otras unidades descansan en un mantenimiento que parece no tener fin: la seis de Mariel, la cinco de Nuevitas y la cuatro de Carlos Manuel de Céspedes. Una cadena de averías y esperas que suma la friolera de cuatrocientos catorce megawatts fuera de juego.
Qué viene ahora
El panorama de la noche del martes, si los cálculos no mienten, promete ser más sombrío. Se esperan afectaciones que rozarán los mil ochocientos megawatts. Intentos de alivio, como la incorporación de unos motores en Moa y Mariel, apenas son una gota en este océano de necesidad.
La isla seguirá en vela, mirando al cielo, esperando que la luz regrese y el sistema no colapse. La vida en Cuba, como un viejo reloj de cuerda, seguirá su marcha, pero con pausas, con la incertidumbre del próximo apagón flotando en el aire caliente.
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