La Habana Vuelve a Ajustarse: Nuevas Medidas por la Escasez de Combustible
sábado, 7 de febrero de 2026
En pocas palabras
Cuba impone nuevas restricciones por la falta de combustible. La Habana reorganiza servicios, transporte y educación, trasladando el peso de la crisis a su gente.
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Qué pasó
El aire de La Habana se cargó de noticias. El régimen cubano, con un paso que suena a urgencia, anunció un nuevo paquete de medidas vitales.
Estas disposiciones, presentadas en la Mesa Redonda, son la respuesta a la severa escasez de combustible que azota la isla.
Dicen que son para “garantizar la vitalidad de los servicios fundamentales”, pero en las calles, la gente sabe que se vienen días más duros y con más restricciones.
Dónde y cuándo
Esto ocurrió en Cuba, a principios de febrero de 2026. Las decisiones resonaron desde los salones de la televisión, alcanzando cada hogar.
Desde Pinar del Río hasta Guantánamo, la vida cotidiana se prepara para sentir el ajuste.
Las calles ya anticipan un silencio distinto, un ritmo más lento, el de la espera y la ausencia de movimiento que el combustible solía dar.
Por qué es importante
Esta vez, el mensaje es claro: la vida diaria va a cambiar otra vez su compás.
Para la gente, significa menos gasolina, menos transporte, y un esfuerzo aún mayor para sortear el día a día.
El sistema, que siempre pregona resistencia, expone sus grietas más profundas, trasladando el peso de la crisis directamente a la espalda de la población. No es solo un ajuste; es el espejo de un modelo que ya no puede sostenerse.
Qué dicen las partes
El gobierno, por medio del viceprimer ministro Oscar Pérez-Oliva Fraga, confirmó que no se podrán mantener los niveles habituales de venta de combustible.
Priorizarán la salud, el abasto de agua y la generación eléctrica mínima. Pero esta “priorización” implica sacrificar gran parte de la actividad económica y social.
La administración pública concentrará sus labores de lunes a jueves. La educación continuará con esquemas flexibles. No son soluciones, sino adaptaciones forzadas, donde la familia debe “resolver” lo que el Estado, con menos recursos, ya no puede garantizar.
El discurso oficial sigue apuntando al embargo estadounidense, como siempre, pero el impacto lo sienten los ciudadanos en su día a día.
Qué viene ahora
El camino que se dibuja es de más austeridad y de un ingenio forzado. Veremos menos coches, más bicicletas, y el regreso de métodos de transporte olvidados en algunos rincones de la isla.
La actividad económica, ya lenta, se ralentizará aún más, y la capacidad de “resolver” del cubano se pondrá a prueba en cada esquina, en cada mercado, en cada trayecto.
El gobierno seguirá protegiendo sectores que generan divisas, como el turismo o el tabaco, esperando que esos ingresos, algún día, alivien la carga de un pueblo que ya sabe demasiado de esperas y sacrificios continuos.
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