La Marina, Matanzas: Un Barrio que Lucha Contra el Tiempo y el Olvido
sábado, 17 de enero de 2026
En pocas palabras
El histórico barrio La Marina en Matanzas sufre un grave deterioro urbano, con aguas albañales y viviendas precarias, a pesar de promesas de transformación.
Mas detalles
Qué pasó
El barrio La Marina, corazón antiguo de Matanzas, se desmorona a la vista de todos. Sus calles respiran un aire pesado, entre aguas estancadas y la basura que cuenta historias de olvido.
Las casas, algunas tan viejas como los suspiros de la abuela, muestran el castigo del tiempo y la falta de manos que las reparen. Es un panorama de desgaste, donde lo vital se tuerce y lo cotidiano se complica.
Dónde y cuándo
Este drama se despliega en La Marina, un rincón matancero que vive a solo un brinco del centro histórico, muy cerca del río San Juan.
Desde hace años, los vecinos ven cómo el agua de los albañales busca su camino por el asfalto, como un río lento y maloliente que no pide permiso. Es una película que se repite día tras día, bajo el sol implacable y la humedad que no cede. Los reportes a Acueducto y Alcantarillado son tan viejos como algunas piedras del barrio, pero la solución, esa no llega.
Por qué es importante
Esto importa porque La Marina no es una isla, es un espejo. Refleja los problemas que se esconden en otras esquinas de Matanzas, donde la vida empuja fuerte pero las infraestructuras ceden.
Para las familias con ancianos en cama, para los que viven con lo justo, cada salidero es una bofetada. Es la prueba de que los planes oficiales, aunque suenen bien en el papel, a veces se quedan cortos frente a la cruda realidad del barrio. Muestra cómo la gente sigue luchando, a pesar de que el cambio prometido no se asoma.
Qué dicen las partes
Los vecinos han alzado la voz, una y mil veces, ante la empresa de Acueducto, pidiendo que paren el río de aguas sucias. Han contado sus males, los mosquitos que llegan con el dengue, el olor que no se va.
Por su parte, el gobierno lo ha nombrado "barrio en transformación", una frase que suena a promesa. Pero los que lo habitan dicen que, fuera de alguna visita o un censo, las grandes soluciones no aterrizan. Las palabras vuelan, pero el agua sigue estancada.
Qué viene ahora
La vida en La Marina sigue su rumbo, con los vecinos tendiendo la mano unos a otros, inventando el día a día con la economía informal.
Habrá más inspecciones, quizás alguna que otra ayuda menor, pero la gente seguirá mirando el horizonte con la esperanza de que un día, de verdad, el alcantarillado se arregle y las casas respiren. La historia de este barrio es una de paciencia, de esperar el amanecer de una verdadera transformación, mientras el río San Juan sigue su curso, ajeno a los dramas de la orilla.
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