La Voz de Mariela Castro: Cuba No Negocia con Washington, Pero Abre un Hilo de Diálogo

miércoles, 4 de febrero de 2026

En pocas palabras

Mariela Castro, desde La Habana, insiste en que Cuba no negocia sus principios con EE. UU., aunque reconoce un espacio para el diálogo limitado y con condiciones.

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Qué pasó

Desde la isla, un mensaje claro voló sobre las aguas. Mariela Castro, figura conocida y voz cercana al poder cubano, alzó la suya para dibujar un mapa de las relaciones con Estados Unidos. Dijo, sin rodeos, que con el "imperialismo" no hay espacio para negociar lo fundamental.

Sin embargo, dejó una rendija abierta: sí, hay sitio para el diálogo, pero con límites precisos, como si de un antiguo ritual se tratara. No se cede en principios constitucionales ni en el sistema del país.

Dónde y cuándo

Fue el tres de febrero de dos mil veintiséis cuando estas palabras tomaron forma. La entrevista, publicada por el medio Resumen Latinoamericano, se convirtió en el eco de una postura ya conocida.

Desde algún rincón de La Habana, quizás con el sol de la tarde filtrándose por una ventana, Mariela Castro Espín, directora del CENESEX e hija del expresidente Raúl Castro, delineaba la posición de Cuba. Su voz, grave y firme, se unía al rumor constante de la ciudad.

Por qué es importante

Este pronunciamiento no es un susurro al viento, sino una declaración que marca el paso de las relaciones bilaterales. Para Washington, es un muro levantado ante la mesa de posibles tratos que busquen reformar el sistema cubano. Cierra la puerta a discusiones sobre la Constitución y el modelo económico.

Para los habitantes de la isla, subraya que la confrontación ideológica sigue siendo la brújula oficial. Reafirma una soberanía vista como intocable, a pesar de las urgencias cotidianas que enfrenta la población.

Qué dicen las partes

Mariela Castro no midió sus palabras al referirse al presidente estadounidense. Lo pintó con trazos duros, señalándolo con calificativos severos y criticando lo que percibe como un apetito por los recursos ajenos, como el petróleo venezolano.

Desde su perspectiva, estas políticas buscan "desmantelar" la resistencia cubana, pero en realidad, dice, solo fortalecen la unidad interna. Además, defendió la "doctrina de la guerra de todo el pueblo" como una preparación constante frente a cualquier agresión, no como un acto de ataque.

Mientras tanto, voces críticas, dentro y fuera, susurran que esta retórica no siempre atiende a las verdaderas necesidades de la gente, que vive el día a día entre dificultades y el anhelo de nuevos horizontes.

Qué viene ahora

El horizonte se dibuja con líneas conocidas. Esta postura firme sugiere que no veremos grandes cambios en el acercamiento entre La Habana y Washington, al menos desde la perspectiva cubana. La confrontación ideológica seguirá su curso, como un viejo río.

Habrá que ver si el limitado "espacio para el diálogo" del que habla Mariela Castro logra tender puentes mínimos. Pero, por ahora, la danza de la diplomacia parece seguir un ritmo marcado por la distancia y la declaración de principios inquebrantables, sin miras a una resolución próxima.

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